Opinión
El Turismo Carretera necesita conducción, no reflejos autoritarios
La reunión de equipos en Termas de Río Hondo, el desgaste institucional y el hasta el conflicto con el ACA dejan una señal que no conviene minimizar: el TC necesita una conducción que escuche más, reaccione mejor y entienda que cuidar la categoría es más importante que cuidar egos.
- El Turismo Carretera necesita conducción, no reflejos autoritarios
-
TC: ¿Qué equipos estuvieron presentes en la reunión de Termas?
-
TC: la dirigencia en la mira: más opiniones de la reunión de los equipos en Termas
-
TC: los equipos reclaman ser escuchados por Mazzacane
El Turismo Carretera llegó a un punto en el que mirar para otro lado ya no es una opción. La reunión que mantuvieron en Termas de Río Hondo referentes de varios equipos y algunos pilotos no fue una anécdota de sábado a la noche ni una conspiración de pasillo. Fue una advertencia. Carburando la contó con claridad: hubo preocupación por el momento institucional de la ACTC, por la pérdida de popularidad de la categoría, por desprolijidades técnicas, por decisiones autoritarias no consensuadas y por conflictos abiertos en varios frentes. Esa foto, por sí sola, ya debería obligar a una reflexión seria.
Leer además: TC: los equipos reclaman ser escuchados por Mazzacane
Lo primero que hay que entender es que este malestar no nació de un capricho ni de una interna menor. Se viene incubando desde hace tiempo y explotó con más fuerza a partir del caso Rodrigo Lugón. Aquella sanción inicial de dos años al equipo, luego revisada, funcionó como disparador porque hizo sentir a varias estructuras que podían quedar a merced de decisiones con impacto directo sobre su sustentabilidad. Después de eso, Mauro Medina dijo en Carburando que la ACTC “va a tener que empezar a escucharnos más” porque los equipos están “en el campo de batalla” y ven antes que otros los problemas que después estallan. Más que una frase, fue un diagnóstico.
La ACTC haría mal en leer ese reclamo como un desafío al poder. En realidad, es algo bastante más simple y bastante más razonable: los equipos están pidiendo ser escuchados porque son ellos los que sostienen buena parte del espectáculo todos los fines de semana. Y cuando el reclamo lo ponen arriba de la mesa estructuras como Pradecon Racing, RUS Med Team y Canning Motorsport, que juntas tienen un buen porcentaje del parque de la categoría no se está hablando de un grupito marginal. Se está hablando de un bloque con peso real, deportivo y económico.
Leer además: TC: la dirigencia en la mira: más opiniones de la reunión de los equipos en Termas
Willy Jaime, dueño del Pradecon Racing, fue muy claro. Dijo que hace rato se vienen reuniendo porque hay cosas que les preocupan, habló de sponsors que llaman para pedir explicaciones por las “malas noticias” y recordó que un pedido de reunión por el tema de la tuerca central nunca tuvo respuesta. No es un detalle menor. Si los equipos piden una mesa para prevenir un problema técnico y del otro lado no hay devolución, después no hay derecho a sorprenderse cuando el malestar se convierte en posición política. Jaime, además, dijo algo que merece ser tomado al pie de la letra: no quieren “marcar la cancha”, quieren colaborar. Ese punto es clave, porque todavía están tendiendo una mano antes de endurecer el tono.
Medina, del RUS Med Team , fue todavía más profundo. Planteó que la categoría necesita recuperar credibilidad técnica y habló de la dificultad de sostener los equipos como empresa. Eso es central. Porque cuando una categoría pierde credibilidad, no pierde solo prestigio: pierde atractivo, pierde sponsors, pierde pilotos, pierde el horizonte. Y cuando además el principal reclamo deja de ser únicamente deportivo para pasar a ser económico, la conducción ya no puede responder con el viejo reflejo de la verticalidad cerrada, el pase de factura interno o la sospecha permanente sobre el que opina distinto.
Ahí está el corazón del problema. El TC necesita una conducción firme, sí. Pero firme no es lo mismo que sorda. Orden no es lo mismo que autoritarismo. Y liderazgo no es lo mismo que castigar al que disiente. Si la ACTC reacciona frente a este reclamo como si escuchar a los equipos fuera una humillación o una pérdida de poder, va a profundizar exactamente aquello que dice querer evitar. Porque lo que hoy está en discusión no es quién manda: lo que está en discusión es cómo se cuida a la categoría más importante del país en uno de sus momentos institucionales más delicados.
Leer además: TC: Mauricio Tucci y la postura del BMW Motorsport sobre la reunión de equipos en Termas
Ese contexto delicado no es una invención. En las últimas semanas hubo procesamientos por presunta evasión tributaria e insolvencia fiscal fraudulenta contra la cúpula de la entidad, además de allanamientos a la sede de la ACTC y talleres de equipos del Turcar 2000 en una causa por presunta violación de la ley de marcas. A eso se le suma el conflicto con el ACA por el poder deportivo en el país. Todos frentes que consumen tiempo, energía y capital político. Hay demasiados incendios abiertos al mismo tiempo.
Por eso esta no debería ser una discusión entre oficialistas y opositores, ni entre leales y traidores. Debería ser una discusión adulta sobre el futuro del TC. Si los sponsors llaman preocupados, si los equipos sienten que no se los escucha, si la credibilidad técnica aparece en duda y si el ruido institucional empieza a tapar lo que pasa en la pista, entonces la prioridad tiene que ser bajar la espuma, abrir el diálogo y corregir el rumbo. Todo lo demás es ego.
El Turismo Carretera se hizo grande por su mística, por su épica y por su potencia popular. Pero también se sostuvo durante décadas porque supo adaptarse sin perder identidad. Hoy le toca volver a hacerlo. No alcanza con apelar al pasado ni con recordar que es la categoría más popular. Hay que demostrar, con hechos, que sigue teniendo la lucidez para corregirse cuando algo no funciona.
Leer además: TC: Carlos Caunedo analizó el rendimiento de los Mercedes Benz
Si la ACTC escucha, ordena y cambia, todavía está a tiempo de transformar esta crisis en una oportunidad. Pero si responde con reflejos autoritarios, con silencios altivos o con cualquier lógica de represalia hacia equipos y pilotos, va a estar eligiendo cuidar el poder antes que cuidar al TC. Y ahí sí el problema será mucho más grave.
Porque esto ya no se resuelve con una foto, con una frase o con una desmentida. Se resuelve entendiendo algo básico: el Turismo Carretera necesita seguir siendo grande. Y el que no lo entienda, el que no esté dispuesto a cambiar para que eso ocurra -sea quien toma las decisiones o quien las convalida en silencio- debería tener la honestidad de dar un paso al costado. Tan simple como eso.