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El día que un argentino puso contra las cuerdas a Ayrton Senna

Mucho antes de convertirse en leyenda, Ayrton Senna tuvo un rival argentino en Europa: Quique Mansilla, uno de los pocos que logró vencerlo en pista.

El día que un argentino puso contra las cuerdas a Ayrton Senna
El día que un argentino puso contra las cuerdas a Ayrton Senna

A comienzos de los años 80, mientras Europa concentraba a los mejores talentos jóvenes del automovilismo mundial, un piloto argentino comenzaba a hacerse un lugar en Inglaterra. Enrique “Quique” Mansilla había llegado tras ganar una beca en la Jim Russell Racing School y rápidamente se integró al competitivo mundo de la Fórmula Ford, la categoría que por entonces funcionaba como el primer gran filtro rumbo a la elite.

En ese mismo escenario apareció un joven brasileño que empezaba a llamar la atención por su velocidad y determinación: Ayrton Senna da Silva. Ambos coincidieron en la Fórmula Ford 1600 británica, compartieron estructura en Van Diemen y, lejos de convivir en armonía, se transformaron rápidamente en rivales directos. Mansilla tenía experiencia, conocimiento de los circuitos y carácter; Senna, una agresividad que no admitía concesiones.

La pelea se trasladó a la pista desde las primeras carreras. En un campeonato parejo y muy disputado, el argentino fue uno de los pocos capaces de correrle de igual a igual al brasileño. El punto más alto de esa rivalidad se dio en Mallory Park, donde Mansilla logró imponerse tras una carrera intensa, relegando a Senna al segundo puesto. El resultado generó tensión en boxes y dejó en claro que el argentino no estaba dispuesto a ser un actor secundario.

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Aquella derrota no fue una más para Senna. Mansilla se convirtió en uno de los rivales más incómodos de su etapa formativa, alguien que no se intimidaba y que sabía aprovechar cada oportunidad. La rivalidad nunca fue mediática, pero sí profundamente competitiva, marcada por el respeto deportivo y la conciencia de que cada carrera podía definir el futuro de ambos.

Con el paso del tiempo, los caminos comenzaron a separarse. Senna dio el salto definitivo a la Fórmula 3 y luego a la Fórmula 1, mientras que Mansilla también avanzaba en su carrera, sumando protagonismo en la F3 británica y demostrando condiciones para seguir escalando. Sin embargo, el contexto empezó a jugarle en contra. La Guerra de Malvinas impactó de lleno en su presente europeo, con patrocinadores que se retiraron y un clima adverso para un piloto argentino en el Reino Unido.

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A pesar de ello, Mansilla estuvo cerca de dar el gran salto. Probó autos de Fórmula 1, compitió en la Fórmula 2 europea y más tarde llegó a correr en la CART estadounidense, donde incluso logró un noveno puesto en Road America. Las oportunidades existieron, pero no se alinearon en el momento justo, algo habitual en un automovilismo donde el talento no siempre alcanza.

Con los años, y ya convertido en leyenda, Senna recordó aquellos tiempos con respeto. Mansilla fue uno de los pocos rivales que logró complicarlo de verdad en sus comienzos, cuando todavía no era el mito sino un piloto en formación que debía ganarse cada resultado. No hubo títulos ni gloria compartida, pero sí una rivalidad real, intensa y poco conocida.

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