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Salud y bienestar: ¿el secreto de la longevidad o la nueva obsesión "fit" de las redes?

Celebridades, deportistas de élite y gurúes del bienestar promueven la crioterapia casera por sus supuestos beneficios para la mente y el cuerpo. Qué dice la ciencia sobre congelarse un par de minutos al día.

Salud y bienestar: ¿el secreto de la longevidad o la nueva obsesión "fit" de las redes?
Salud y bienestar: ¿el secreto de la longevidad o la nueva obsesión "fit" de las redes?

A las seis de la mañana, mientras la mayoría aprieta el botón de "repetir" en el despertador, miles de personas en todo el mundo se paran frente a la ducha y abren la canilla al máximo, directo hacia el lado azul. Sin anestesia. Las redes sociales se han inundado de videos de influencers, empresarios de Silicon Valley y deportistas que muestran sus caras de sufrimiento —y posterior alivio— bajo el chorro de agua helada o sumergidos en barriles repletos de hielo.

La tendencia, impulsada globalmente por figuras como el atleta extremo holandés Wim Hof (conocido como "El Hombre de Hielo"), ha dejado de ser una excentricidad para convertirse en un fenómeno de masas. Sus defensores le atribuyen propiedades casi milagrosas: quema de grasa, aumento de las defensas, reducción del estrés y una inyección de energía superior a la de tres tazas de café expreso. Pero, ¿cuánto hay de ciencia y cuánto de marketing en esta moda congelada?

El shock biológico: ¿Qué le pasa al cuerpo?

Cuando el agua a menos de 15°C impacta contra la piel, el organismo lo interpreta como una amenaza de supervivencia inminente. La respuesta es un shock neuroquímico inmediato. El sistema nervioso simpático se activa, los vasos sanguíneos se contraen (vasoconstricción) para enviar la sangre a los órganos vitales y el cerebro libera una descarga masiva de noradrenalina y dopamina.

"La claridad mental que sentís después de una ducha fría no es una ilusión; es un pico de dopamina que puede multiplicarse por 2.5 y mantenerse elevado durante horas, mejorando el estado de ánimo y el enfoque", explican los neurocientíficos.

Además, la exposición regular al frío estimula la producción de grasa marrón (o parda), un tejido metabólicamente activo que, a diferencia de la grasa blanca común, quema calorías para generar calor y mantener la temperatura corporal.

Los beneficios bajo la lupa de la ciencia

Aunque la fiebre es reciente, la medicina lleva tiempo estudiando el impacto del frío. Un célebre estudio realizado en los Países Bajos con más de 3.000 participantes demostró que quienes terminaban su ducha diaria con un intervalo de entre 30 y 90 segundos de agua fría registraron un 29% menos de ausentismo laboral por enfermedad en comparación con el grupo de control. El frío no impidió que se contagiaran de virus, pero redujo drásticamente la gravedad de los síntomas.

En el ámbito deportivo, los baños de inmersión en hielo son un clásico para acelerar la recuperación muscular y desinflamar las articulaciones tras entrenamientos intensos. Sin embargo, la ciencia aporta un matiz clave: si el objetivo principal es ganar masa muscular (hipertrofia), el frío extremo inmediatamente después de levantar pesas puede frenar las señales inflamatorias naturales que el músculo necesita para crecer.

El verdadero desafío es mental: La dopamina del esfuerzo

Para los psicólogos, el mayor valor de la ducha fría no es físico, sino conductual. Soportar voluntariamente una situación de incomodidad extrema entrena al cerebro en la tolerancia al estrés. Cruzar esa barrera invisible cada mañana genera una sensación de victoria temprana que moldea la disciplina para el resto de la jornada.

No es para todos: Advertencias y contraindicaciones

A pesar de sus bondades, la crioterapia casera no está exenta de riesgos. El shock inicial produce un aumento repentino de la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Por este motivo, médicos cardiólogos advierten que está estrictamente contraindicada para personas con problemas cardíacos, hipertensión no controlada o arritmias.

Para quienes decidan sumarse a la ola, la recomendación de los expertos es la progresividad. No es necesario pasar diez minutos bajo el agua helada ni comprar un barril de hielo para el patio: basta con terminar la ducha templada habitual con 30 segundos de agua fría e ir aumentando el tiempo de manera gradual. En la constancia, y no en el sufrimiento extremo, parece residir el verdadero secreto de esta milenaria terapia que hoy conquista internet.

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