Límite de Pista
SAF: la carrera contrarreloj de la aviación
La aviación es responsable de alrededor del 2,5 % de las emisiones globales de CO₂, pero su descarbonización avanza más lento que en otros sectores. Con la electrificación descartada para vuelos medianos y largos, el SAF (Sustainable Aviation Fuel) aparece como la herramienta más inmediata para reducir emisiones. La tecnología existe, pero la escala y el costo siguen siendo el gran desafío.
Qué es el SAF y por qué es clave
El SAF es un combustible alternativo que puede utilizarse en aviones actuales sin modificar motores ni infraestructura. Se produce a partir de residuos orgánicos, aceites usados, biomasa, alcoholes o combustibles sintéticos basados en hidrógeno verde y CO₂ capturado. Según su origen y proceso, puede reducir las emisiones de ciclo de vida entre 60 % y 80 % frente al queroseno fósil.
Para una industria donde cada kilogramo cuenta y la seguridad es crítica, esta compatibilidad es fundamental. Por eso, todas las grandes aerolíneas y fabricantes lo consideran el pilar central de su estrategia climática de corto y mediano plazo.
Tecnología disponible, producción limitada
El problema no es técnico. Existen rutas certificadas para producir SAF, como HEFA (a partir de aceites y grasas), Alcohol-to-Jet y Fischer-Tropsch. El cuello de botella es la capacidad productiva.
En 2024, la producción global de SAF fue inferior al 0,2 % del consumo total de combustible de aviación. Incluso con los proyectos anunciados, la oferta prevista para 2030 cubriría apenas una fracción de la demanda necesaria para cumplir los objetivos climáticos del sector.
La razón es simple: no hay suficiente materia prima sostenible disponible ni plantas industriales a gran escala operando de forma continua.
Escalar sin competir con otros sectores
Muchos de los insumos del SAF —aceites usados, residuos agrícolas, biomasa— ya son demandados por otros sectores, como el diésel renovable o la industria química. Esto genera competencia por recursos limitados y presiona los precios al alza.
Las rutas sintéticas, basadas en hidrógeno verde, podrían evitar ese problema, pero requieren enormes cantidades de electricidad renovable y aún están lejos de ser competitivas. En términos energéticos, producir SAF sintético implica múltiples conversiones con pérdidas acumuladas.
Por qué volar “verde” sigue siendo caro
Hoy, el SAF cuesta entre dos y cinco veces más que el combustible fósil. Para una aerolínea, que opera con márgenes ajustados, absorber ese sobrecosto sin trasladarlo al pasajero es casi imposible.
Algunos países avanzaron con mandatos de mezcla obligatoria —por ejemplo, porcentajes crecientes de SAF en el combustible—, pero sin subsidios o incentivos fiscales, estas políticas pueden traducirse en pasajes más caros y tensiones competitivas entre mercados.
¿Alcanza con el SAF?
Incluso los escenarios más optimistas muestran que el SAF no será suficiente por sí solo. La descarbonización de la aviación requerirá una combinación de medidas: combustibles sostenibles, mejoras en eficiencia operativa, optimización de rutas, aviones más livianos y, en el largo plazo, nuevas tecnologías.
Conclusión: la única opción viable, pero no la más fácil
El SAF no es una solución perfecta, pero hoy es la única herramienta disponible a gran escala para reducir emisiones en la aviación sin detener vuelos. La carrera contrarreloj ya empezó: la tecnología está lista, pero la industria necesita inversión, políticas claras y tiempo. Hasta entonces, volar verde seguirá siendo posible, pero caro, escaso y lejos de ser la norma.
