Límite de Pista
Hidrógeno verde: la carrera global por el combustible del futuro
Impulsado por la urgencia climática y la transición energética, el hidrógeno verde se perfila como una de las grandes apuestas para descarbonizar la industria y el transporte pesado. Gobiernos y empresas compiten por liderar un mercado aún incipiente pero estratégico.
El hidrógeno no es una novedad, pero su versión “verde” —producida mediante electrólisis del agua utilizando energía renovable— adquirió centralidad en la agenda energética global. A diferencia del hidrógeno gris o azul, su producción no genera emisiones de dióxido de carbono, lo que lo convierte en un candidato clave para reducir la huella ambiental de sectores difíciles de electrificar.
Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el hidrógeno representa hoy menos del 1 % del consumo energético mundial, pero podría cubrir hasta el 10 % de la demanda global hacia 2050 si se cumplen los compromisos climáticos asumidos por los países. La transición, sin embargo, requiere inversiones masivas, infraestructura y una fuerte reducción de costos.
Por qué el hidrógeno importa
El mayor atractivo del hidrógeno verde es su versatilidad. Puede utilizarse como combustible en la industria siderúrgica, química y cementera, así como en el transporte marítimo, ferroviario y aéreo de larga distancia. También permite almacenar energía renovable en períodos de baja demanda, resolviendo uno de los principales límites de la solar y la eólica.
Hoy, producir hidrógeno verde cuesta entre dos y cuatro veces más que el hidrógeno convencional. No obstante, la AIE estima que los costos podrían caer hasta un 60 % para 2030 gracias a la reducción del precio de los electrolizadores y la expansión de energías renovables.
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La disputa geopolítica
Europa, Estados Unidos, China y países de Medio Oriente lanzaron estrategias nacionales para posicionarse en esta nueva economía energética. La Unión Europea apunta a instalar al menos 40 gigavatios de electrolizadores para 2030, mientras que Estados Unidos incluyó al hidrógeno limpio como eje de su Ley de Reducción de la Inflación.
Esta carrera no es solo tecnológica, sino geopolítica. El hidrógeno verde reconfigura los flujos energéticos globales, desplazando la centralidad del petróleo y el gas hacia regiones con abundantes recursos renovables. Países como Chile, Australia y Marruecos emergen como potenciales exportadores.
América Latina y el potencial desaprovechado
América Latina cuenta con ventajas comparativas: sol, viento y grandes extensiones territoriales. Chile ya anunció proyectos para convertirse en uno de los principales exportadores de hidrógeno verde antes de 2040. En Argentina, la Patagonia concentra condiciones óptimas para la producción eólica, aunque el desarrollo avanza con cautela por falta de infraestructura y marcos regulatorios estables.
Expertos advierten que sin planificación industrial, el riesgo es repetir un modelo extractivo, exportando energía sin generar cadenas de valor locales ni empleo calificado.
Promesa y límites
El hidrógeno verde no es una solución mágica. Requiere grandes volúmenes de agua, redes de transporte específicas y estándares internacionales aún en construcción. Aun así, su desarrollo ya marca una transformación profunda del sistema energético.
En la carrera global por el combustible del futuro, el desafío será equilibrar innovación, sostenibilidad y desarrollo económico, evitando que la transición verde reproduzca viejas desigualdades bajo un nuevo nombre tecnológico.