Fórmula 1
F1: palpitaciones, vómitos y problemas intestinales: así vivió Lauda su vuelta tras el escalofriante accidente en Alemania
A 50 años del terrible choque que sufrió en Nürburgring, las declaraciones de Niki Lauda permiten conocer cómo atravesó su recuperación y qué sintió cuando volvió a manejar la Ferrari en el Gran Premio de Italia de F1.
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El 1° de agosto de 1976, Niki Lauda fue protagonista de uno de los accidentes más estremecedores en la historia de la Fórmula 1 durante el Gran Premio de Alemania. El austríaco estuvo al borde de la muerte, recibió la extremaunción y padeció graves quemaduras, pero volvió a las pistas apenas 42 días después. Años más tarde, reconoció que detrás de aquella demostración de valentía también existieron el miedo y la angustia.
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La imagen de Niki Lauda volviendo a la Fórmula 1 poco más de un mes después de su terrible accidente en Nürburgring quedó marcada como uno de los momentos que marcaron la historia de la "Máxima". Sin embargo, el propio piloto reveló que aquel regreso estuvo lejos de ser fácil.
El accidente ocurrió el 1° de agosto de 1976, durante el Gran Premio de Alemania. Lauda perdió el control de su Ferrari 312T2 en el peligroso Nordschleife, golpeó contra las defensas y quedó atrapado dentro del auto, que rápidamente fue envuelto por las llamas.
Arturo Merzario, Brett Lunger, Guy Edwards y Harald Ertl participaron del dramático rescate. El austríaco tuvo quemaduras de distinta consideración en la cabeza y las manos, además de graves daños pulmonares por haber inhalado humo y gases tóxicos. Su estado fue tan delicado que un sacerdote llegó a administrarle la extremaunción.
Mientras estaba internado, Lauda comprendió que necesitaba tener la mente vuelta en volver a correr cuanto antes. Según relató posteriormente en su autobiografía To Hell and Back, quedarse en una cama pensando permanentemente en lo sucedido habría representado un golpe todavía mayor.
El piloto de Ferrari superó distintas etapas de una dolorosa recuperación y volvió a manejar antes de que sus heridas cicatrizaran por completo. El gran desafío, sin embargo, no fue solamente físico. Cuando llegó a Monza para disputar el Gran Premio de Italia, volvió a enfrentarse mentalmente con el accidente.
“En Monza estaba paralizado por el miedo”, reconoció Lauda. Durante los entrenamientos, sufrió palpitaciones, vómitos y problemas intestinales. Cada movimiento de la Ferrari le provocaba una reacción exagerada, producto del trauma que todavía arrastraba.
“Cuando subí al auto, el miedo me golpeó con fuerza”, recordó. También describió aquella sensación mediante una comparación relacionada con su pasión por la aviación: “Era como un piloto reaccionando ante cada bolsa de aire. No es así como uno debería sentirse”.
Después del primer día de actividad, Lauda regresó al hotel y analizó las sensaciones que había tenido. Entendió que había intentado conducir con la misma velocidad que antes del accidente sin considerar su debilidad física, las heridas en el rostro y las difíciles condiciones climáticas.
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Todavía vendado y con fuertes dolores provocados por el contacto del casco con las quemaduras, Lauda se ubicó quinto en clasificación y finalizó cuarto en Monza. Su regreso oficial se produjo apenas 42 días después del accidente y le permitió continuar luchando por el campeonato frente a James Hunt.
Lauda perdió aquel título por solamente un punto, tras abandonar voluntariamente la carrera decisiva de Japón por la intensa lluvia y la falta de visibilidad. Un año más tarde volvió a consagrarse con Ferrari y, en 1984, consiguió su tercer campeonato con McLaren.