Noticias de hoy

F1: Briatore y un mensaje directo para Colapinto ¿Qué le dijo?

Carburando

Opinión

El Turismo Carretera jugó con fuego: cuando la obsesión por el show es peligrosa

La recarga de combustible provocó una cadena de incidentes que opacó la extraordinaria victoria de Tobías Martínez en San Juan.

El Turismo Carretera jugó con fuego: cuando la obsesión por el show es peligrosa
El Turismo Carretera jugó con fuego: cuando la obsesión por el show es peligrosa

Tobías Martínez protagonizó una de esas hazañas que deberían alimentar durante años la memoria del Turismo Carretera. Largó desde el 31º puesto, avanzó treinta posiciones y ganó ante su público después de completar una carrera agotadora. Lo hizo, además, pocos días después de la muerte de su abuela, cargando una emoción que convirtió su triunfo en algo mucho más profundo que un resultado deportivo. Tenía que ser su domingo.

Leer además: Tobías Martínez brilló en el Villicum: todo lo que dejó el TC tras un nuevo Desafío de las Estrellas

Sin embargo, cuando terminó el Desafío de las Estrellas, la conversación ya no giraba exclusivamente alrededor de su remontada. La imagen que se adueñó de la carrera fue la del Ford Mustang de Mauricio Lambiris rodeado por el fuego durante la recarga de combustible. La victoria de Martínez quedó injustamente opacada por un problema que el propio formato había colocado en el centro de la escena.

El incendio se produjo cuando el combustible derramado entró en contacto con un disco de freno caliente. No fue provocado por el motor ni por una falla extraordinaria. Mucho menos por uno de esos factores imprevisibles que ocasionalmente aparecen en el automovilismo.

Toda competencia automovilística involucra peligros. Los pilotos circulan a velocidades extremas, los neumáticos pueden fallar y los accidentes forman parte de una actividad en la que nunca existirá la seguridad absoluta. Pero la obligación de una categoría profesional consiste en reducir los riesgos que pueden evitarse. En San Juan ocurrió exactamente lo contrario.

Leer además: TC: ¡Valió un triunfo! Vivian analizó la gran defensa de Tobías Martínez sobre Gianini para ganar el Desafío de las Estrellas

No se trataba solamente de recargar combustible. Había que hacerlo rápido. Cada segundo detenido representaba posiciones, puntos y posibilidades deportivas. Por más capacitaciones, indumentaria especial y matafuegos que existan, el contexto seguía empujando a los equipos a completar una maniobra delicada en el menor tiempo posible.

Los mecánicos están entrenados para ganar décimas. Viven obsesionados con reducir el tiempo de cada operación. Pedirles que actúen con absoluta calma mientras la carrera se decide delante de sus ojos es una contradicción diseñada desde el escritorio.

El problema no reside en que los equipos hayan querido ser veloces. Para eso compiten. El problema fue convertir la recarga en otra carrera dentro de la carrera. Y esa carrera paralela se disputó con combustible, nada más y nada menos.

El episodio de Lambiris fue el más impactante, pero no constituyó la única advertencia del domingo. También hubo derrames sobre otros autos, inconvenientes durante distintas recargas y vehículos que abandonaron sus boxes con la operación todavía inconclusa. El Chevrolet Camaro de Diego De Carlo, por ejemplo, se puso en movimiento cuando parte del dispositivo continuaba enganchado.

Puede existir un error humano. Por supuesto. El automovilismo está lleno de ellos. Lo que resulta más difícil de aceptar es que diferentes estructuras, integradas por profesionales experimentados, hayan protagonizado problemas similares durante la misma competencia y que la explicación termine reducida a una acumulación de equivocaciones individuales.

Leer además: TC: Jonatan Castellano: "Avanzamos del último puesto al 11° con una carrera pensante"

Cuando falla un equipo, se investiga al equipo. Cuando el inconveniente se repite en varios boxes, hay que mirar el sistema.

El denominador común fue una operación que multiplicó innecesariamente las posibilidades de un incidente. Había 53 autos y decenas de recargas realizadas durante una prueba extensa, con vehículos sometidos a enormes exigencias térmicas. El TC no tropezó con un peligro oculto. Entró voluntariamente en una zona de riesgo perfectamente identificable.

El Turismo Carretera tiene una curiosa fascinación por agregarle ingredientes a un producto que ya funciona. Cuenta con más de cincuenta autos, grandes pilotos, equipos profesionales, seis marcas y una rivalidad que ninguna oficina de marketing podría fabricar. Conserva, además, una conexión popular que la mayoría de las categorías argentinas observa con sana -y a veces no tan sana- envidia. Pero parece no alcanzarle.

Imagen

El TC necesita intervenir constantemente sobre la competencia: sorteos, grillas alteradas, formatos especiales, carreras extendidas y detenciones obligatorias, sin contar el constante manoseo del reglamento. Como si temiera que sus autos y sus pilotos no pudieran construir por sí solos un buen espectáculo.

El Desafío de las Estrellas posee elementos atractivos. El sorteo cambia el orden habitual, obliga a los candidatos a remontar y abre oportunidades para quienes normalmente largan retrasados. No hace falta eliminarlo ni convertir todas las fechas en carreras convencionales.

Pero existe una diferencia enorme entre modificar un formato y fabricar un peligro. La recarga de combustible no produjo la emoción principal de la carrera. Esa emoción la generó Martínez avanzando desde el 31º lugar. También Juan Pablo Gianini, largando 28º y terminando segundo. La aportaron Germán Todino, que largó 18°; o Ignacio Faín, que partió 38°; y todos los pilotos que debieron abrirse camino durante casi dos horas. La pista ya estaba dando el espectáculo. El combustible solamente agregó fuego.

Leer además: TC: la interesante propuesta de un protagonista para mejorar el espectáculo en el "Desafío de las Estrellas"

La mejor noticia es que el incendio pudo controlarse y que no hubo consecuencias personales. La reacción fue inmediata, los elementos de seguridad funcionaron y la indumentaria protegió a quienes quedaron expuestos a las llamas. Pero conviene no confundir el funcionamiento de las últimas barreras de protección con la validez del procedimiento.

Imagen

Los matafuegos aparecen cuando el riesgo ya se convirtió en incendio. La ropa ignífuga actúa cuando una persona ya está rodeada por el fuego. Que ambos elementos hayan cumplido su función demuestra que se evitó algo mucho peor, no que la recarga haya sido una buena idea. El TC tuvo suerte en San Juan. Así de sencillo.

La categoría quedó a pocos segundos, centímetros o litros de combustible de enfrentar una situación muchísimo más grave. Y ninguna organización seria puede incluir la suerte dentro de su estrategia de seguridad.

Una carrera especial puede conservar la incertidumbre sin poner a los mecánicos a manipular combustible junto a discos de freno calientes. La estrategia puede definirse mediante el momento de las paradas, el cambio de neumáticos o diferentes ventanas de detención. No es necesario incorporar una operación peligrosa para demostrar creatividad. A veces, innovar también consiste en saber qué cosas no conviene hacer.

Leer además: TC: "No hablamos más", la respuesta de Medina al pedido de reunión con Hugo Mazzacane

La mayor injusticia de San Juan fue deportiva. Tobías Martínez hizo todo lo necesario para convertirse en el único dueño de la jornada. Largó desde el fondo del pelotón, administró una competencia larguísima, aprovechó cada oportunidad y consiguió una victoria extraordinaria ante su gente.

Sin embargo, el relato del domingo terminó condicionado por un incendio. Su triunfo tuvo que compartir espacio con las imágenes de las llamas, los derrames y el caos dentro de los boxes. No fue Martínez quien perdió protagonismo. Se lo quitó un formato que quiso forzar el espectáculo hasta cruzar una frontera innecesaria.

Imagen

Al TC le gusta jugar al límite porque durante décadas hizo de esa característica una parte esencial de su identidad. Pero la historia no puede funcionar como salvoconducto para repetir riesgos evitables. La épica pertenece a los pilotos que remontan treinta posiciones, no a los mecánicos que deben escapar del fuego.

Leer además: TC: el insólito momento que se vivió en los boxes entre Ebarlin y De Carlo en el Desafío de las Estrellas

San Juan dejó una carrera memorable y una irresponsabilidad imposible de maquillar. Tobías Martínez puso la épica en la pista: largó 31º y ganó. El TC, mientras tanto, puso combustible junto a discos de freno incandescentes para inventar un espectáculo que ya estaba ocurriendo. Cuando una remontada extraordinaria termina relegada por las llamas, no faltó emoción: sobró la peligrosa obsesión de quienes todavía confunden riesgo con show.

Recibir mas informacion sobre
El Turismo Carretera jugó con fuego: cuando la obsesión por el show es peligrosa

Lo mas leído

TC2000

Ver todas

MotoGP

Ver todas

TCR South America

Ver todas

Internacionales

Ver todas

Turismo Nacional

Ver todas

Córdoba Pista

Ver todas

Sport Prototipo

Ver todas