Límite de Pista
Salud y bienestar: ¿Cómo usar el protector y el bronceador sin dañar la piel?
Lograr ese tono dorado tan deseado no tiene por qué ser sinónimo de quemaduras o envejecimiento prematuro. Del orden de aplicación a la importancia del FPS: la guía definitiva para una exposición inteligente bajo el sol.
El deseo de lucir una piel bronceada parece ser una constante cultural cada vez que llega el verano. Sin embargo, la línea entre un color saludable y una lesión cutánea es extremadamente delgada. Históricamente, el "bronceador" se asociaba a aceites sin protección que aceleraban el daño, pero hoy la industria y la dermatología se han unido para ofrecer alternativas que permiten cambiar el tono de la piel minimizando los riesgos.
No es lo mismo: Bronceador vs. Protector Solar
El primer paso para un uso correcto es entender la diferencia. El protector solar refleja o absorbe la radiación UV para que no penetre en la piel, mientras que el bronceador suele contener sustancias que estimulan la producción de melanina o aceites que hidratan para que el sol actúe de forma más "pareja".
La regla de oro actual es nunca usar un bronceador que no tenga Factor de Protección Solar (FPS). Los especialistas recomiendan que, incluso si buscás broncearte, la base mínima sea de FPS 30.
El paso a paso para una aplicación efectiva
Para que el producto cumpla su función y no quedes con manchas o zonas rojas, la aplicación debe ser estratégica:
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Exfoliación previa: Unos días antes de la exposición, exfoliar la piel ayuda a eliminar células muertas. Esto logra que el bronceado sea más uniforme y duradero.
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Piel seca y limpia: Nunca apliques el producto sobre la piel mojada (a menos que el envase especifique que es Wet Skin), ya que las gotas de agua pueden actuar como lupas, potenciando la quemadura en puntos específicos.
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La técnica de los 20 minutos: El producto necesita tiempo para interactuar con la piel. Si lo aplicás justo antes de entrar al mar o mientras ya estás bajo el sol, el efecto protector se reduce a la mitad.
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Cantidad generosa: No escatimes. Para un cuerpo adulto promedio, se necesitan aproximadamente 35 ml de producto (el equivalente a un vaso de shot) para cubrir todas las áreas.
El orden de los factores sí altera el producto
Si decidís usar un aceite bronceador y además un protector de mayor graduación en zonas sensibles (como la cara o lunares), el orden debe ser: primero el protector solar de mayor graduación y luego el producto bronceador.
Sin embargo, lo más seguro y recomendado por dermatólogos es utilizar un protector solar de alta graduación en todo el cuerpo. La piel se bronceará igual, pero de forma más lenta, profunda y, lo más importante, sin quemarse ni descamarse ("pelarse") a los tres días.
Atención con los "remedios caseros": El uso de aceites de cocina, jugos de cítricos o preparaciones caseras para acelerar el bronceado es extremadamente peligroso. Pueden causar quemaduras químicas graves y manchas permanentes en la piel.
Mantenimiento y post-solar
El uso correcto del bronceador termina fuera de la playa. Al regresar, es vital retirar los restos de filtros químicos en la ducha y aplicar una crema post-solar. El sol deshidrata las capas superiores de la dermis; si no recuperás esa humedad, el bronceado se "crackeará" y perderás el color rápidamente.
Recordá que el bronceado es, técnicamente, una respuesta de defensa de tu piel. Tratarla con respeto es la única forma de que ese color dorado no te pase factura en el futuro en forma de manchas, arrugas profundas o enfermedades más graves.