Límite de Pista
Salud y bienestar: ¿Por qué no basta con tomar agua cuando tenés sed?
Con temperaturas que superan los 30 grados, el cuerpo pierde líquidos y minerales a un ritmo acelerado. Estrategias para una hidratación inteligente, los peligros de las "bebidas engañosas" y cómo detectar los síntomas invisibles de la deshidratación.
El verano trae consigo las vacaciones, el aire libre y, inevitablemente, el calor extremo. En este contexto, el agua deja de ser un simple acompañamiento para convertirse en el combustible esencial que permite a nuestro organismo regular la temperatura. Sin embargo, existe una brecha peligrosa entre "beber líquidos" e "hidratarse correctamente".
El mito de la sed y el mecanismo de alerta
Uno de los errores más comunes es esperar a sentir sed para buscar un vaso de agua. La ciencia médica es clara: la sed es un síntoma tardío. Cuando esa sensación aparece, el cuerpo ya ha perdido entre el 1% y el 2% de su peso hídrico, lo que se traduce en una disminución del rendimiento físico y cognitivo.
Para los adultos mayores y los niños, este mecanismo de alerta es aún más débil o ineficiente, lo que los convierte en grupos de alto riesgo. La consigna es la hidratación proactiva: beber sorbos pequeños de manera constante a lo largo del día, incluso sin ganas aparentes.
¿Qué cuenta como hidratación y qué no?
No todos los líquidos hidratan de la misma manera. En verano, es frecuente caer en la tentación de bebidas que, aunque refrescantes al paladar, pueden ser contraproducentes:
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El peligro del alcohol: Las cervezas o cócteles frente al mar tienen un efecto diurético. Esto significa que provocan que el cuerpo elimine más líquido del que está ingiriendo, acelerando la deshidratación.
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Bebidas azucaradas: Las gaseosas y jugos industriales tienen altas concentraciones de azúcar que requieren más agua corporal para ser procesados.
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El rol del mate y el café: Si bien aportan líquido, no deben reemplazar al agua pura, ya que su efecto estimulante también aumenta la diuresis.
La temperatura ideal: ¿Agua helada o natural?
Existe un debate eterno sobre si el agua debe estar "con hielo" o a temperatura ambiente. Si bien el agua fría ayuda a bajar la temperatura interna más rápido, el agua extremadamente helada puede provocar espasmos estomacales en algunas personas. Lo ideal es el agua fresca (entre 10°C y 15°C), lo que facilita una absorción rápida y una mayor palatabilidad, invitando a beber más.
Señales de alerta: el "semáforo" de tu cuerpo
Para saber si estamos bien hidratados, no hace falta un laboratorio. Basta con observar dos indicadores clave:
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La orina: Debe ser clara y abundante. Una orina oscura y concentrada es un grito de auxilio del riñón pidiendo líquidos.
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La piel y mucosas: Si la boca se siente pastosa o la piel pierde elasticidad (el famoso signo del pliegue), la deshidratación está avanzada.
Consejo experto: Si te cuesta tomar agua sola, probá "aromatizarla" de forma natural. Rodajas de limón, pepino o unas hojas de menta fresca pueden hacer que el hábito sea mucho más agradable sin sumar químicos ni calorías.
La seguridad del agua
En zonas de veraneo, no siempre el agua corriente es segura para el consumo. Para evitar enfermedades gastrointestinales que empeoren el cuadro de deshidratación, se recomienda consumir agua mineral embotellada o, en su defecto, hervir el agua corriente durante tres minutos o agregarle dos gotas de lavandina por litro, dejándola reposar media hora antes de ingerirla.
Mantenerse hidratado es la forma más barata y efectiva de asegurar que el verano sea una temporada de disfrute y no de malestar.