Límite de Pista
El derecho a desconectarse en la era del trabajo automatizado
La expansión de la inteligencia artificial, el trabajo remoto y los sistemas de control digital reconfiguró la jornada laboral. Mientras la tecnología promete eficiencia, crece el debate sobre el derecho a desconectarse y los límites del trabajo permanente.
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La automatización y la digitalización del trabajo modificaron no solo qué tareas se realizan, sino también cuándo y cómo. Correos electrónicos, plataformas colaborativas, sistemas de monitoreo y algoritmos de asignación de tareas permiten que el trabajo continúe más allá del horario formal. En este contexto, el derecho a la desconexión digital emerge como una respuesta legal y social frente a la hiperdisponibilidad laboral.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más del 60 % de los trabajadores en economías digitalizadas recibe comunicaciones laborales fuera de su jornada habitual. El fenómeno se intensificó con el teletrabajo y el uso de herramientas automatizadas que operan las 24 horas, generando una expectativa implícita de respuesta inmediata.
En Argentina, la Ley de Teletrabajo establece el derecho a desconectarse fuera del horario laboral y durante licencias, prohibiendo sanciones por no responder. Sin embargo, especialistas advierten que la norma enfrenta dificultades de aplicación en entornos donde la automatización diluye los límites temporales del empleo.
Automatización y control algorítmico
La incorporación de inteligencia artificial en la gestión del trabajo sumó una nueva capa de presión. Algoritmos que asignan turnos, miden productividad o detectan “inactividad” funcionan de manera continua, incluso fuera del horario laboral. En sectores como logística, call centers y plataformas digitales, el trabajador sabe que el sistema sigue activo, aunque su jornada haya terminado.
Estudios del Instituto Europeo para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo señalan que la vigilancia algorítmica incrementa el estrés y dificulta la desconexión mental, aun cuando no existan órdenes explícitas de seguir trabajando. La automatización, lejos de liberar tiempo, puede reforzar una cultura de disponibilidad constante.

Salud, productividad y límites
La evidencia científica es clara: la falta de desconexión impacta en la salud. Investigaciones publicadas en revistas como Occupational Health Science vinculan la hiperconectividad con mayores niveles de ansiedad, trastornos del sueño y agotamiento. Paradójicamente, también reduce la productividad a mediano plazo.
Países como Francia y España avanzaron en regulaciones específicas que obligan a empresas a definir protocolos de desconexión, incluso en entornos altamente digitalizados. En algunos casos, se establecen ventanas horarias en las que los sistemas automatizados no envían notificaciones a empleados.
Un debate en construcción
El desafío actual no es solo legal, sino cultural. En un mundo donde los sistemas automatizados nunca se apagan, el derecho a desconectarse exige redefinir la relación entre tecnología y trabajo. La pregunta central ya no es si la automatización aumenta la eficiencia, sino cómo garantizar que esa eficiencia no se traduzca en jornadas infinitas.
Mientras la inteligencia artificial avanza en oficinas, fábricas y plataformas, el derecho a desconectarse se consolida como un nuevo indicador de calidad laboral en la economía digital. Un límite necesario para que el progreso tecnológico no se convierta en una amenaza silenciosa para el tiempo y la salud de los trabajadores.