Límite de Pista
Cómo la agricultura de precisión reduce el consumo de agua y agroquímicos en Argentina
Sensores, imágenes satelitales, drones, maquinaria inteligente e inteligencia artificial están cambiando la forma de producir en el campo argentino. Estas herramientas permiten identificar diferencias dentro de un mismo lote y aplicar agua, fertilizantes y fitosanitarios únicamente donde son necesarios, con el objetivo de reducir costos y mejorar la eficiencia productiva.
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La agricultura argentina atraviesa una transformación tecnológica que modifica una de las reglas tradicionales del campo: dejar de tratar a una parcela como si fuera completamente uniforme. Con la incorporación de agricultura de precisión, los productores pueden obtener información detallada sobre el estado de los cultivos y tomar decisiones diferenciadas según las necesidades de cada sector del lote.
El concepto combina sistemas de posicionamiento satelital, sensores, imágenes aéreas, mapas de rendimiento, estaciones meteorológicas, maquinaria de aplicación variable e inteligencia artificial. El objetivo es utilizar los datos para determinar qué necesita cada zona, en qué cantidad y en qué momento.
El INTA señala que estas tecnologías permiten ajustar la fertilización a partir de análisis del suelo, controlar malezas y realizar aplicaciones diferenciadas, con beneficios en productividad, economía y eficiencia.
El agua, recurso que se administra con datos
Uno de los campos donde la tecnología puede generar mayor impacto es el riego. En los sistemas tradicionales, el agua puede aplicarse de manera relativamente uniforme sobre superficies que presentan diferencias de humedad, suelo, relieve y necesidades de los cultivos.
Los sensores de humedad permiten conocer cuánto agua existe realmente en el perfil del suelo y determinar cuándo resulta necesario regar. A esto se suman las imágenes satelitales y los modelos meteorológicos, que permiten estimar el estado hídrico de los cultivos.
En enero de 2026, investigadores del INTA desarrollaron una herramienta basada en imágenes Sentinel-2 e inteligencia artificial capaz de identificar automáticamente sistemas de riego por pivote central. El desarrollo permite mejorar el monitoreo de la superficie irrigada y generar información para una gestión más precisa del recurso.
En zonas donde el agua representa una limitación productiva, contar con información precisa puede evitar riegos innecesarios y ayudar a priorizar las áreas que realmente necesitan una intervención.
Drones para detectar problemas antes de aplicar
Los drones también comenzaron a ocupar un lugar relevante en la agricultura de precisión. Equipados con cámaras multiespectrales y térmicas, pueden detectar estrés hídrico, diferencias de vigor, problemas nutricionales, plagas y enfermedades antes de que sean evidentes a simple vista.
El INTA desarrolló una tecnología de monitoreo mediante sensores remotos montados en drones que permite generar mapas de vigor y establecer zonas de manejo diferenciado. Según el organismo, esta información facilita intervenciones localizadas y puede contribuir a optimizar el uso de agua e insumos.
La ventaja es que el productor puede dejar de realizar una aplicación uniforme sobre todo el lote y concentrar el tratamiento en las zonas donde existe un problema identificado.
Menos agroquímicos mediante aplicaciones selectivas
La precisión también modifica la forma de utilizar herbicidas, fungicidas e insecticidas. En lugar de aplicar una dosis idéntica en toda una superficie, los sistemas de agricultura de precisión permiten elaborar mapas de prescripción y modificar las dosis según las características de cada área.
El INTA trabaja, por ejemplo, con tecnologías para detectar malezas y aplicar herbicidas de manera precisa. También desarrolla sistemas de monitoreo remoto de pulverizaciones y algoritmos destinados a establecer dosis variables de nitrógeno en cultivos como el trigo.
Los mapas generados a partir de drones permiten identificar sectores específicos que requieren tratamiento, reduciendo aplicaciones innecesarias y el impacto ambiental asociado.
La inteligencia artificial entra al campo
El siguiente paso consiste en combinar grandes volúmenes de información. Imágenes satelitales, sensores de suelo, datos climáticos, registros históricos y mapas de rendimiento pueden analizarse mediante algoritmos para anticipar problemas y recomendar intervenciones.
El desafío es pasar de una agricultura basada principalmente en observaciones generales a otra donde las decisiones agronómicas estén respaldadas por datos en tiempo real.
Esta transformación ya alcanza regiones que históricamente tuvieron menor acceso a estas tecnologías. El INTA impulsa en el NOA y el NEA herramientas de agricultura de precisión, sensores remotos e inteligencia artificial aplicadas a cultivos como caña de azúcar, yerba mate y tabaco.
Una tecnología con potencial, pero no automática
La agricultura de precisión no garantiza por sí sola una reducción del consumo de agua o agroquímicos. El resultado depende de la calidad de los datos, la calibración de los equipos, el conocimiento técnico y la capacidad del productor para interpretar la información.
También existen barreras vinculadas al costo de incorporación de tecnología, conectividad rural y capacitación.
Sin embargo, la tendencia es clara: sensores, drones, satélites e inteligencia artificial están convirtiendo al campo en un sistema cada vez más medible. Para Argentina, donde la eficiencia en el uso del agua, los fertilizantes y los fitosanitarios será cada vez más importante, la agricultura de precisión puede convertirse en una herramienta estratégica para producir más con menos recursos y reducir simultáneamente los costos y la presión ambiental de la actividad agropecuaria.
