Límite de Pista
El futuro de los fertilizantes biológicos en el campo argentino: cómo la ciencia busca cambiar la forma de nutrir los cultivos
Bacterias, hongos, microorganismos y residuos agroindustriales comienzan a convertirse en nuevas herramientas para mejorar la fertilidad de los suelos. Argentina avanza en investigaciones que buscan complementar los fertilizantes convencionales, reducir la dependencia de insumos externos y aumentar la eficiencia de los nutrientes.
La agricultura argentina atraviesa una transformación en la forma de manejar uno de sus recursos más importantes: el suelo. En ese proceso, los fertilizantes biológicos comienzan a ganar protagonismo como una alternativa para mejorar la disponibilidad de nutrientes mediante microorganismos y procesos naturales.
A diferencia de los fertilizantes químicos tradicionales, estos productos utilizan organismos vivos o componentes de origen biológico capaces de interactuar con las plantas y el suelo. Entre ellos se encuentran bacterias fijadoras de nitrógeno, microorganismos que favorecen la disponibilidad de fósforo y productos que estimulan determinados procesos fisiológicos de los cultivos.
El objetivo no es necesariamente reemplazar de manera inmediata a los fertilizantes convencionales, sino hacer más eficiente la nutrición vegetal y reducir el impacto ambiental asociado a la producción agrícola.
La biotecnología busca mejorar los rendimientos
Uno de los campos de investigación más prometedores está relacionado con la fijación biológica de nitrógeno. En la soja, por ejemplo, los rizobios establecen una relación simbiótica con las raíces y permiten incorporar nitrógeno atmosférico al sistema.
Investigadores liderados por el INTA desarrollaron un proyecto de edición genética de rizobios mediante CRISPR/Cas9. Los resultados preliminares mostraron un incremento del 6% en la productividad de la soja, además de una mejora en la biodisponibilidad del nitrógeno en el suelo. El trabajo fue realizado junto con instituciones de Uruguay, Chile, Colombia y España.
El desarrollo representa una muestra de hacia dónde puede avanzar la tecnología: microorganismos diseñados o seleccionados para desempeñar funciones específicas y mejorar la eficiencia de los sistemas agrícolas.
Residuos que se convierten en fertilizantes
La innovación también avanza por otra vía: transformar residuos en nuevos insumos agrícolas.
En Coronel Brandsen, Buenos Aires, investigadores del INTA estudiaron durante dos años el digerido obtenido en una planta de biogás de la empresa Ovobrand. El objetivo fue evaluar su utilización como fertilizante y optimizar su aplicación en distintos cultivos.
El modelo combina producción de energía y recuperación de nutrientes, ya que los residuos generados por la actividad productiva pueden utilizarse para producir biogás y, posteriormente, obtener un material aprovechable como fertilizante.
En Mendoza, además, el INTA y el CONICET desarrollaron Biopellet, un biofertilizante elaborado a partir de compost local y pelletizado para facilitar su almacenamiento, transporte y aplicación. Los ensayos incluyeron tomate, vid, forrajes y hortalizas.
Estas experiencias muestran una tendencia que puede adquirir mayor importancia en los próximos años: cerrar ciclos de nutrientes y convertir residuos agropecuarios en insumos productivos.
Una tecnología que busca complementar a la fertilización tradicional
Los fertilizantes biológicos no representan una solución única para todos los cultivos ni todos los ambientes. Ensayos realizados por el INTA sobre trigo señalan que los fertilizantes orgánicos y biológicos pueden funcionar como alternativas complementarias a los fertilizantes químicos y, en determinadas condiciones, reemplazar parcialmente su utilización.
El desafío consiste en determinar dónde, cuándo y cómo utilizarlos. La respuesta de un biofertilizante puede variar según el cultivo, las características del suelo, el clima, el manejo previo y la composición del producto.
Por eso, la investigación y los ensayos a campo serán determinantes para evitar que la expansión del mercado quede basada solamente en promesas comerciales.
Un mercado que necesita reglas y calidad
El crecimiento de estas tecnologías también exige fortalecer los controles. El SENASA es el organismo encargado de intervenir en la regulación, registro y fiscalización de fertilizantes, enmiendas y productos biológicos utilizados en la producción agrícola.
En abril de 2025, el organismo implementó nuevos procedimientos para simplificar el registro y mejorar la trazabilidad de fertilizantes, enmiendas y bioinsumos, incluyendo mecanismos de certificación y fiscalización posterior.
La medida busca facilitar la incorporación de nuevas tecnologías sin resignar controles sobre su calidad y seguridad.
El desafío de producir más con menos recursos
El futuro de los fertilizantes biológicos estará ligado a una pregunta central para la agricultura argentina: cómo aumentar o sostener los rendimientos utilizando los nutrientes de manera más eficiente.
La combinación de microorganismos, biotecnología, economía circular y agricultura de precisión puede abrir una nueva etapa en el manejo de los cultivos. Para los productores, el beneficio potencial no se limita a una cuestión ambiental: una mayor eficiencia en el uso de nutrientes también puede traducirse en menores pérdidas y mejores resultados económicos.
Argentina cuenta con capacidades científicas, una extensa superficie agrícola y una industria de bioinsumos en expansión. El desafío será convertir esos avances de laboratorio y las experiencias piloto en tecnologías confiables, escalables y accesibles para los productores.
Si ese proceso se consolida, los fertilizantes biológicos podrían dejar de ocupar un lugar complementario para convertirse en una de las herramientas centrales de una agricultura argentina más eficiente, tecnológica y sustentable.