Límite de Pista
La crisis del agua en Argentina: las provincias que ya enfrentan estrés hídrico
La disponibilidad de agua se convirtió en un desafío estratégico para distintas regiones del país. Sequías prolongadas, precipitaciones cada vez más variables, menor acumulación de nieve y una creciente presión sobre los recursos hídricos afectan a la producción agropecuaria, la ganadería y el abastecimiento. El problema no es uniforme: mientras algunas provincias enfrentan déficits persistentes, otras sufren episodios de exceso hídrico.
Argentina es un país con una enorme diversidad climática y una distribución muy desigual del agua. La mayor parte de los recursos hídricos se concentra en el este y el noreste, mientras que amplias zonas del centro, oeste y sur presentan condiciones naturalmente más secas.
En los últimos años, esa diferencia se combinó con una mayor variabilidad climática. El INTA registró una fuerte sequía acumulada entre 2021 y 2024, mientras que durante la campaña 2025/26 distintas regiones volvieron a atravesar períodos de déficit de precipitaciones. En febrero de 2026, el área nacional afectada por algún grado de sequía alcanzaba aproximadamente 52 millones de hectáreas, unos 10 millones más que el mes anterior.
La situación demuestra que hablar de crisis hídrica en Argentina no significa solamente analizar cuánto llueve, sino también dónde se encuentra el agua, cómo se almacena, cuánto se consume y qué tan rápido se recuperan las reservas.
Mendoza, San Juan y La Pampa, entre las zonas más expuestas
Las provincias de Mendoza y San Juan representan uno de los casos más sensibles. La agricultura y las ciudades dependen en gran medida de los ríos originados en la cordillera, por lo que la disponibilidad de nieve y el régimen de deshielo resultan determinantes.
El problema se agravó durante períodos recientes de escasas precipitaciones níveas. Un informe oficial del Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo (SINAGIR) señaló durante 2025 déficits de precipitaciones en Mendoza, La Pampa, la zona cordillerana del centro y norte del país y gran parte de la Patagonia, mientras que también se registraron bajos niveles de nieve en sectores cordilleranos.
En La Pampa, la combinación entre condiciones semiáridas y períodos de déficit hídrico incrementa la vulnerabilidad de la producción agropecuaria. La provincia también necesita administrar cuidadosamente sus recursos subterráneos y superficiales para sostener las actividades productivas.
La Patagonia también enfrenta el problema
El estrés hídrico no se limita a Cuyo. Chubut, Río Negro y Santa Cruz atravesaron durante los últimos años situaciones de sequía que afectaron especialmente a la ganadería.
En mayo de 2026, el Gobierno nacional declaró la emergencia y/o desastre agropecuario en explotaciones ganaderas de Chubut debido a la sequía, con vigencia desde enero de ese año. En Santa Cruz se adoptó una medida similar por sequía y fuertes vientos, con una emergencia que comenzó en febrero de 2026.
En Río Negro, además, se había prorrogado hasta mayo de 2026 la emergencia para establecimientos ganaderos afectados por sequía en varios departamentos de la provincia.
Para estas regiones, el déficit de agua tiene un impacto directo sobre la disponibilidad de forraje, la producción ganadera y el acceso de los establecimientos rurales a fuentes de abastecimiento confiables.
El problema también alcanza al centro del país
La región pampeana concentra una parte fundamental de la producción agrícola argentina y, por eso, las variaciones en la disponibilidad de agua tienen consecuencias económicas importantes.
Durante febrero de 2026, el informe de sequía del INTA indicó que más del 40% de la región Centro se encontraba afectada por sequía, con alrededor de tres millones de hectáreas bajo categoría moderada y un incremento de casi seis millones de hectáreas en la categoría leve.
Córdoba, además, comenzó a incorporar herramientas específicas para anticiparse al estrés hídrico. El INTA y organismos provinciales desarrollaron mapas de Capacidad de Agua Disponible (CAD) que cubren más del 92% del territorio provincial. La información permite conocer cuánto líquido puede almacenar cada tipo de suelo y definir estrategias de riego y manejo con mayor precisión.
Un país de contrastes hídricos
La particularidad argentina es que la crisis del agua no se manifiesta de la misma manera en todo el territorio. Mientras algunas provincias enfrentan sequías, otras deben lidiar con precipitaciones excesivas, inundaciones y desbordes.
Santa Fe es un ejemplo reciente: en junio de 2026 se declaró la emergencia agropecuaria en distintas zonas por excesos de precipitaciones y desbordes de ríos, arroyos y cursos de agua.
En Corrientes, el INTA registró en abril de 2026 unas 1,8 millones de hectáreas cubiertas por agua, aunque la superficie había disminuido significativamente respecto de enero.
Esta variabilidad obliga a abandonar una mirada única sobre el problema. Argentina necesita políticas diferenciadas según cada cuenca y región.
El desafío de administrar un recurso estratégico
El escenario plantea la necesidad de mejorar la infraestructura de almacenamiento y distribución, modernizar los sistemas de riego, proteger los acuíferos y utilizar información climática para anticipar períodos críticos.
La tecnología también comienza a ocupar un lugar central. Sensores de humedad, imágenes satelitales, mapas de capacidad hídrica y sistemas de monitoreo permiten tomar decisiones más precisas en el campo y reducir el desperdicio de agua.
El desafío será convertir esas herramientas en políticas de largo plazo. La sequía puede ser temporal, pero la necesidad de administrar mejor el agua es permanente. Para Argentina, garantizar su disponibilidad no solo constituye una cuestión ambiental: es una condición necesaria para sostener la producción de alimentos, la actividad económica y el desarrollo de las provincias durante las próximas décadas.
