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En su día, la historia de dos mecánicos

El 24 de febrero se celebra el día del Mecánico y dos de ellos, Gustavo Ferraro de Toyota, y Ariel Esposito, de Alifraco Sport, hablaron de esta pasión

En su día, la historia de dos mecánicos
En su día, la historia de dos mecánicos

Cada 24 de febrero, desde el año 1974, se celebra en nuestro país el “Día del Mecánico”. Y si hay una pieza clave en el automovilismo deportivo es justamente el mecánico. Esa persona que llega por pasión y que le pone toda la dedicación para que un auto funcione de la mejor manera. Sus vidas están dedicadas a este deporte y el sacrificio que hacen es muy grande. Horas y días trabajando con un solo objetivo. Que el piloto para quien trabaja se luzca siempre. Es por eso que para agasajarlos en esta jornada especial Carburando decidió hablar con dos de ellos.

Gustavo Ferraro, más conocido en el automovilismo como “El Ceja” es mecánico desde 1998. Corría en zonales y fue ahí donde se dio cuenta que sentía esa pasión por los fierros. “En el año 2001 conocí a mi amigo, compañero de trabajo y mecánico, Jorge “el pelado” Suaid. Él me recomendó para ingresar al TTA (Toyota Team Argentina) donde comencé como ayudante en la sala de motores en el taller. En las carreras arranqué como ayudante de mecánico del auto de Juan María Traverso. En el año 2002 paso a ser mecánico de Omar “Gurí” Martínez y desde el 2003 al 2009 fui encargado del auto de Norberto Fontana. Luego estuve un tiempo en Peugeot Argentina como jefe de taller cuando estaba a cargo de Nacho Palacios.

Desde 2011 al 2015 trabaje para el Tango Rally Team haciendo Turismo Carretera y Rally Nacional con Marcos Ligato y en el 2016 retomo al TTA, hoy Toyota Gazoo Racing, como encargado del auto de Matías Milla hasta el 2018, luego pase a ser encargado del auto de Matias Rossi hasta el 2021 en el Super Tc 2000.

Cuando Gustavo mira hacia atrás se da cuenta todo el tiempo que paso y manifiesta. “Son muchos años de mi vida en el automovilismo como mecánico, pero la pasión sigue intacta como el primer día… hace 21 años que me dedico a ser mecánico de competición, profesión a la que hay que amar. Sino tenes pasión por esto es muy difícil porque hay que dejar de lado muchos momentos que no se vuelven a repetir, como cumpleaños de hijos, días especiales, de estar con familiares y demás. Esta profesión requiere de mucha dedicación, compromiso y esfuerzo. Soy un agradecido y aprovecho para saludar a mis queridos colegas en este día y decirles que la pasión, el entusiasmo y la adrenalina que sentimos sigan siempre en cada carrera”.

La historia de Ariel Roberto Espósito

“No me da vergüenza decir que deje la escuela para convertirme en un mecánico de un auto de competición”. Con esas palabras, en su día, Ariel Espósito comenzó a dialogar con Carburando. Si bien sabía que era una elección muy compleja el salió en búsqueda de su sueño. Quería ser mecánico de un Turismo Carretera. Y lo logró. “Cuando tenía 7 años iba al taller de mi tío donde estaban los Sport 1050. Me encantaban. Salía del colegio primario para ir a limpiar piezas. Me apasionaba. A los 12 años llegue al taller de Walter Alifraco y desde ese momento a la fecha, donde tengo 44 años, nunca más me fui. Fue en ahí donde decidí dejar el colegio”, cuenta Ariel que se mociona al repasar toda una vida.

Para “Arielito” como se lo conoce en el ambiente del TC, el trabajo que hacen los mecánicos es de gran sacrificio. “La gente cree que vamos a una carrera y ya está. En un auto de competición se trabaja todos los días y los fines de semana mucho más. Es cierto que para nosotros esto es una pasión pero también nos damos cuenta, ahora que estamos grandes más, que es un sacrificio. Cuando llega el momento de viajar pesa dejar tu casa, tu familia y tus amigos. Hoy que soy papá me cuesta más. Al salir saludo a mi nene y me voy llorando. Después en el momento de la competencia uno se mentaliza y solo piensa en mejorar o en ganar con el piloto que te toque”.

Papá por la pandemia

Cuando se declaró la pandemia por la llegada del Covid el automovilismo no quedó ajeno a la problemática y debió parar. Pasaron unos meses y se hizo difícil para todos. También para los mecánicos que no tenían trabajo. Sobre ese tiempo difícil, Ariel comentó: “Empecé a hacer comida para vender. Yo era consciente que  Walter (Alifraco) no le entraba dinero porque no había carreras y yo tenía que sobrevivir. Fue ahí donde nos mudamos con mi señora para trabajar juntos y un día me dice que estaba descompuesta. Pensé es la comida (risas) y terminó siendo un embarazo. Tenía una alegría enorme. Hoy digo que si el automovilismo no hubiese parado por la pandemia tal vez hoy no sería papá. Ahí te das cuenta que no paras con esta actividad”. Para cerrar la charla Ariel expresó. “Cuando llega la última carrera digo por fin se termina, pero a los pocos días de haber descansado quiero empezar de nuevo”.

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