Límite de Pista
El verdadero costo energético de la inteligencia artificial en Argentina
Cada consulta a un chatbot, cada imagen generada por IA y cada modelo entrenado en un centro de datos requieren una enorme cantidad de electricidad. Mientras la inteligencia artificial se expande en empresas, universidades y organismos públicos, crece también el debate sobre su impacto energético. ¿Está preparada la infraestructura eléctrica argentina para acompañar esta revolución tecnológica?
La inteligencia artificial se convirtió en una de las tecnologías más disruptivas de la última década. Empresas de todos los sectores comenzaron a incorporar asistentes virtuales, herramientas de automatización y modelos capaces de generar texto, imágenes, audio y código en cuestión de segundos. Sin embargo, detrás de esa aparente simplicidad existe una infraestructura que consume cantidades crecientes de energía.
Cada interacción con un modelo de inteligencia artificial depende de centros de datos equipados con miles de servidores de alto rendimiento que operan las 24 horas del día. Estos equipos no solo requieren electricidad para procesar información, sino también para alimentar sistemas de refrigeración, almacenamiento, redes de comunicación y mecanismos de respaldo energético.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que los centros de datos consumieron alrededor de 415 teravatios-hora (TWh) de electricidad durante 2024, equivalentes a aproximadamente el 1,5% del consumo eléctrico mundial. Además, proyecta que esa demanda podría más que duplicarse hasta alcanzar unos 945 TWh en 2030, impulsada principalmente por la expansión de la inteligencia artificial.
El desafío para Argentina
Aunque Argentina todavía no alberga grandes centros de datos de inteligencia artificial comparables con los instalados en Estados Unidos o Europa, la demanda local de servicios digitales crece de forma sostenida.
Bancos, fintech, empresas de telecomunicaciones, plataformas de comercio electrónico, organismos públicos y compañías industriales utilizan cada vez más herramientas basadas en IA, muchas de ellas ejecutadas desde infraestructura instalada en el país o en centros regionales ubicados en América Latina.
Al mismo tiempo, crece el interés de operadores internacionales por ampliar la infraestructura digital en la región. Para Argentina, esto representa una oportunidad para atraer inversiones, pero también plantea un desafío energético: garantizar un suministro eléctrico confiable y competitivo para instalaciones que operan de manera ininterrumpida.
Por qué la IA consume tanta electricidad
No todas las aplicaciones de inteligencia artificial requieren el mismo nivel de energía.
El entrenamiento de grandes modelos de lenguaje demanda semanas o incluso meses de procesamiento continuo mediante miles de procesadores gráficos (GPU) funcionando simultáneamente. Una vez entrenados, esos modelos continúan consumiendo energía cada vez que responden consultas de millones de usuarios.
Según la AIE, los servidores acelerados por IA registran un crecimiento del consumo eléctrico cercano al 30% anual, muy por encima del de los servidores tradicionales. Además, estas instalaciones presentan una densidad energética mucho mayor, lo que incrementa también las necesidades de refrigeración.
La infraestructura eléctrica, un factor estratégico
El crecimiento de la IA ya comenzó a influir en la planificación energética de numerosos países.
En mercados donde se concentran grandes centros de datos, como Estados Unidos o Irlanda, las empresas tecnológicas impulsan inversiones en nuevas líneas de transmisión, centrales eléctricas y sistemas de almacenamiento para asegurar el abastecimiento. En algunos casos, el fuerte incremento de la demanda obligó a replantear la expansión de la red y la localización de nuevos proyectos.
En Argentina, especialistas sostienen que el desarrollo de nuevos data centers deberá acompañarse con inversiones en generación, transporte y distribución de electricidad. La disponibilidad de recursos como el gas natural de Vaca Muerta y el crecimiento de las energías renovables podrían convertirse en ventajas competitivas para atraer infraestructura digital.
Cómo reducir el impacto ambiental
La industria tecnológica trabaja para que el crecimiento de la inteligencia artificial no implique un aumento proporcional del consumo energético.
Los fabricantes desarrollan procesadores más eficientes, mientras que los operadores de centros de datos incorporan sistemas de refrigeración líquida, inteligencia artificial para optimizar el uso de energía y contratos de abastecimiento con fuentes renovables.
También avanza el diseño de modelos de IA que requieren menos capacidad de procesamiento para realizar tareas similares, reduciendo el consumo eléctrico sin afectar significativamente el rendimiento.
La propia inteligencia artificial comienza a utilizarse para optimizar redes eléctricas, prever la demanda, administrar baterías y mejorar la integración de energías renovables, generando beneficios que pueden compensar parte de su impacto energético.
El equilibrio entre innovación y sostenibilidad
La expansión de la inteligencia artificial representa una oportunidad para acelerar la productividad, la investigación científica y la transformación digital de la economía argentina. Pero ese crecimiento también exige repensar la infraestructura que lo sostiene.
El verdadero costo energético de la IA no depende únicamente de cada consulta realizada desde un teléfono o una computadora, sino de la capacidad del sistema eléctrico para abastecer una infraestructura que crecerá de manera acelerada durante los próximos años. Para Argentina, el desafío será aprovechar el avance tecnológico sin comprometer la seguridad energética ni los objetivos de sostenibilidad. Si logra combinar inversiones en centros de datos, energías renovables, redes eléctricas modernas y eficiencia energética, el país podrá posicionarse como un actor relevante de la economía digital sin perder de vista el impacto ambiental de esta nueva revolución tecnológica.