Límite de Pista
El reskilling como negocio: quién capacita y quién paga la reconversión laboral
La automatización y la inteligencia artificial aceleran la obsolescencia de habilidades. En paralelo, la capacitación laboral se consolida como un mercado multimillonario donde empresas, Estados y trabajadores disputan responsabilidades y costos.
-
La nueva carrera por la inteligencia artificial soberana. Por qué los países quieren modelos propios y qué implica depender de las Big Tech
-
La fatiga tecnológica: por qué estamos desconectándonos. Minimalismo digital y el creciente rechazo al hiperconsumo de pantallas
-
IA en el periodismo: ¿asistente, amenaza o nuevo estándar de redacción?
La reconversión laboral dejó de ser un concepto de recursos humanos para convertirse en un tema estructural de la economía digital. La expansión de la inteligencia artificial, la robotización y las plataformas tecnológicas redefine perfiles profesionales a una velocidad que el sistema educativo tradicional no logra acompañar. En ese escenario, el reskilling se transformó en un negocio en expansión.
Un mercado impulsado por la automatización
Organismos internacionales estiman que millones de puestos de trabajo cambiarán de forma sustancial en la próxima década. No se trata solo de empleos que desaparecen, sino de tareas que se transforman. Frente a ese panorama, empresas y gobiernos impulsan programas de capacitación acelerada en programación, análisis de datos, ciberseguridad y habilidades digitales.
Consultoras globales calculan que el mercado de capacitación corporativa mueve decenas de miles de millones de dólares anuales, con tasas de crecimiento sostenidas. Plataformas online, bootcamps intensivos y certificaciones privadas ocupan un espacio cada vez mayor.
Quiénes capacitan: del aula al algoritmo
La oferta es diversa. Universidades tradicionales conviven con startups educativas, grandes tecnológicas y plataformas de cursos masivos. Empresas líderes en software ofrecen certificaciones propias, que en muchos casos valen más en el mercado laboral que un título formal.
Este modelo genera oportunidades, pero también dependencia. Cuando la capacitación está alineada a herramientas propietarias, el trabajador se especializa en ecosistemas cerrados, lo que limita su movilidad futura.
Quién paga la reconversión
El punto más sensible es el financiamiento. En algunos países, las empresas asumen parte del costo para actualizar a su personal. En otros, el peso recae sobre el trabajador, que invierte tiempo y dinero sin garantías de inserción laboral.
Los Estados, por su parte, avanzan de manera desigual. Mientras algunas economías desarrolladas financian programas públicos de reskilling, en gran parte de América Latina la reconversión depende de iniciativas fragmentadas, muchas veces insuficientes frente a la magnitud del cambio tecnológico.
El riesgo de una brecha más profunda
Especialistas advierten que el reskilling, tal como se desarrolla hoy, puede ampliar la desigualdad laboral. Quienes ya tienen capital educativo acceden más fácilmente a nuevas habilidades, mientras que los trabajadores más vulnerables quedan rezagados.
Además, no todas las tareas automatizadas tienen un “nuevo empleo digital” disponible. La narrativa optimista choca con realidades sectoriales donde la transición es compleja y costosa.
Capacitar no es solo entrenar
El debate de fondo es político y económico. ¿La reconversión laboral es una responsabilidad individual o colectiva? ¿Debe financiarla el mercado o el Estado? Sin respuestas claras, el reskilling corre el riesgo de consolidarse como un negocio rentable para algunos y una obligación incierta para otros.
En un mundo donde aprender de nuevo es la norma, la verdadera pregunta no es si habrá reconversión, sino quién quedará afuera del proceso.