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Greenwashing energético: cuando “verde” es solo una etiqueta

A medida que la presión social y regulatoria por la transición energética crece, también lo hace el fenómeno del greenwashing: empresas y gobiernos que pintan de verde sus discursos sin respaldarlos con acciones medibles. ¿Cuándo una declaración de sostenibilidad es técnica y verificable, y cuándo es solo marketing? Esta nota analiza prácticas, ejemplos y herramientas para desenmascarar el ecoblanqueo en el sector energético.

Greenwashing energético: cuando “verde” es solo una etiqueta
Greenwashing energético: cuando “verde” es solo una etiqueta

¿Qué es realmente el greenwashing?

El greenwashing —o “lavado verde”— ocurre cuando una entidad promociona su supuesta sostenibilidad sin acciones ambientales significativas que lo respalden. No se trata de errores aislados: es una estrategia deliberada que busca mejorar la reputación o atraer inversiones y consumidores preocupados por el clima, sin cambiar procesos o reducciones reales de emisiones.

El término surgió en los años 80 con campañas que incentivaban, por ejemplo, la reutilización de toallas en hoteles bajo promesas ambientales, mientras las cadenas mantenían prácticas contaminantes. Hoy esa lógica se ha sofisticado: palabras como verde, sostenible o eco-friendly se usan ampliamente sin certificaciones ni datos de impacto verificables.


Cuando “verde” es solo marketing

1. Términos vagos y sin sustento
Palabras genéricas como “energía limpia” o “neutral en carbono” pueden sonar bien en anuncios publicitarios, pero no siempre se respaldan con datos. Por ejemplo, muchas compañías eléctricas venden contratos “100% renovables” aunque la energía que realmente entrega la red incluya una mezcla de fuentes fósiles y renovables.

2. Foco en mejoras marginales
Resaltar cambios menores —como el uso de empaques reciclables— mientras se ignora el impacto mayor de las emisiones operativas o de la producción en general es una forma común de ecoblanqueo.

3. Reclasificaciones controvertidas de energías
Algunos gobiernos han llegado a clasificar energías fósiles como “verdes” por razones de política interna: por ejemplo, ciertos estados de EE. UU. redefinieron el gas natural como energía limpia en sus marcos legales, una medida criticada por ambientalistas como una estrategia para ralentizar la transición verdadera.

4. Campañas masivas sin respaldo real
Empresas con gran huella de carbono han enfrent acciones legales por sus mensajes ambientales poco transparentes. Recientemente, una corte en París determinó que TotalEnergies había hecho declaraciones engañosas sobre su papel en la transición energética y le ordenó retirar ciertas afirmaciones de su sitio web bajo riesgo de multa.


Greenwashing: qué es y cómo reconocerlo - Primebiopolymers

Ejemplos emblemáticos de prácticas engañosas

Aunque el greenwashing se observa en múltiples industrias, hay casos claros en energía:

  • Empresas petroleras que publicitan inversiones en renovables, mientras la mayor parte de su actividad sigue centrada en petróleo y gas.

  • Compañías eléctricas que ofrecen productos “carbon neutral” sin detallar cómo compensan sus emisiones ni verificarlo con certificaciones externas.

Estos casos muestran una tensión creciente entre la narrativa de sostenibilidad y la realidad operativa, donde los discursos muchas veces no equivalen a reducciones comprobables de gases de efecto invernadero.


Herramientas para distinguir discurso de realidad

Para periodistas, inversores y consumidores, la clave es la trasparencia. Algunas señales de alerta incluyen:

  • Falta de certificaciones oficiales. Sin sellos de organismos independientes, las afirmaciones verdes son difíciles de verificar.

  • Ausencia de métricas claras. Empresas que no publican datos de emisiones, procesos o cronogramas concretos suelen centrarse en mensajes ambiguos.

  • Publicidad más que acción. Cuando la narrativa supera a la evidencia, la sostenibilidad puede ser solo una estrategia de marketing.


Conclusión: más allá del color verde

En un contexto donde la transición energética es urgente, el greenwashing no solo confunde, sino que puede retrasar acciones reales contra el cambio climático. El desafío para los medios es informar con rigor, exigir datos verificables y separar la retórica del impacto real. Porque no todo lo que brilla en verde aporta a un futuro bajo en carbono: muchas veces, es apenas una etiqueta más.

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