Límite de Pista
Fusión nuclear: ¿avance histórico o promesa eterna?
Durante décadas, la fusión nuclear fue presentada como la energía del futuro: limpia, segura y prácticamente inagotable. En los últimos años, anuncios científicos reavivaron el entusiasmo global. Pero entre récords de laboratorio y desafíos técnicos, la pregunta persiste: ¿estamos ante un punto de inflexión real o frente a otra promesa postergada?
La energía que imita al Sol
La fusión nuclear consiste en unir núcleos atómicos livianos —generalmente hidrógeno— para liberar enormes cantidades de energía, el mismo proceso que alimenta al Sol. A diferencia de la fisión nuclear, utilizada en centrales actuales, la fusión no genera residuos radiactivos de larga duración y no conlleva riesgo de accidentes en cadena.
El atractivo es evidente. Un solo gramo de combustible de fusión podría producir tanta energía como varias toneladas de combustibles fósiles, sin emisiones directas de dióxido de carbono. Sin embargo, lograr y sostener ese proceso en la Tierra es un desafío científico mayúsculo.
El hito que reavivó el optimismo
En 2022 y 2023, el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, en Estados Unidos, anunció haber alcanzado por primera vez un balance energético positivo en un experimento de fusión por confinamiento inercial: la reacción liberó más energía de la que recibió directamente el combustible.
El logro fue calificado como histórico, pero con matices. Si bien el experimento marcó un récord científico, el sistema completo —incluyendo láseres e infraestructura— consumió mucha más energía de la que produjo. Aun así, el resultado demostró que el principio físico es viable y no solo teórico.
Tokamak y la apuesta internacional
La otra gran vía hacia la fusión es el confinamiento magnético, basado en dispositivos llamados tokamak. El proyecto más ambicioso es ITER, que se construye en Francia con participación de más de 30 países. Su objetivo es demostrar que la fusión puede generar diez veces más energía de la que consume el plasma.
ITER no producirá electricidad para la red, pero sí sentará las bases para futuros reactores comerciales. Los primeros experimentos con plasma están previstos para la próxima década, aunque los plazos ya acumulan retrasos y sobrecostos, una constante en la historia de la fusión.
Obstáculos que aún no ceden
El principal problema sigue siendo el mismo: controlar un plasma a más de 100 millones de grados durante períodos prolongados. A esto se suman desafíos en materiales capaces de resistir condiciones extremas, en la producción de tritio —combustible clave— y en la conversión eficiente del calor en electricidad.
Además, la fusión enfrenta una barrera económica. Incluso si la tecnología funciona, deberá competir con energías renovables cada vez más baratas, como la solar y la eólica, que ya se despliegan a gran escala.
¿Revolución energética o complemento futuro?
Cada avance acerca a la fusión a la realidad, pero ningún experto serio habla de una solución inmediata. La mayoría de las proyecciones sitúan una posible aplicación comercial no antes de 2040 o 2050. Esto plantea un dilema estratégico: invertir en una tecnología de largo plazo sin descuidar soluciones disponibles hoy.
La fusión nuclear no es un mito, pero tampoco una panacea. Representa una apuesta científica de alto riesgo y alto impacto, cuyo éxito podría transformar el sistema energético global, pero cuyo fracaso prolongado ya forma parte de su historia.
Una promesa que resiste al escepticismo
La fusión lleva más de medio siglo siendo “la energía del futuro”. Sin embargo, nunca antes había acumulado tantos avances verificables ni tanta inversión pública y privada. Tal vez no sea la respuesta inmediata a la crisis climática, pero sí podría convertirse en una pieza clave del rompecabezas energético del siglo XXI.
La pregunta ya no es si la fusión es posible, sino si la humanidad logrará dominarla a tiempo.
