Turismo Carretera
La interna del TC: falta de diálogo, poder concentrado y alarma en los equipos
La falta de diálogo entre los equipos y la conducción de la ACTC, las decisiones tomadas de manera unilateral y el impacto de los costos crecientes exponen un momento de máxima tensión en el Turismo Carretera, en medio de señales cada vez más visibles de desgaste deportivo y social.
El Turismo Carretera atraviesa un momento de fuerte tensión interna que ya no se puede disimular. La relación entre los equipos y la conducción de la ACTC, encabezada por Hugo Mazzacane, está prácticamente cortada y el clima puertas adentro se asemeja a una verdadera “guerra fría”. De un lado, las estructuras que reclaman participación en la toma de decisiones; del otro, una dirigencia que evita el diálogo y concentra cada vez más el poder.
Las decisiones unilaterales se volvieron moneda corriente y generan un profundo malestar. El caso de Rosario es uno de los ejemplos más citados: internamente existe consenso en que el autódromo no está a la altura del TC, pero la carrera se confirmó igual por tratarse de un acuerdo comercial cerrado desde la presidencia. Algo similar ocurrió con la sorpresiva reunión con el ACA, conocida sin que muchos actores clave estuvieran al tanto, reforzando la sensación de aislamiento en la conducción.
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El trasfondo económico agrava aún más el conflicto. Solo en Rafaela se estima que el movimiento total superó los 4.100 millones de pesos, con presupuestos cercanos a los 75 millones por auto. A eso se suman costos fijos cada vez más altos, como los 15 o 20 millones que demanda la torre de control por fecha. Sin embargo, pese a estas cifras, los equipos no reciben viáticos cuando deben afrontar viajes largos, una contradicción que profundiza el desgaste.
A futuro, la incertidumbre es total. En el ambiente se especula con que algunas estructuras importantes podrían quedar fuera de la categoría la próxima temporada, ya que el ingreso al TC depende exclusivamente de la voluntad de la dirigencia. Frente a ese escenario, empieza a instalarse una discusión incómoda pero concreta: si las inversiones no son valoradas ni escuchadas, la posibilidad de dar un paso al costado deja de ser impensada.
Todo esto ocurre en un contexto donde también aparecen señales de crisis hacia afuera. Cada vez va menos público a los autódromos, el impacto televisivo se reduce y las críticas en redes sociales son cada vez más frecuentes. Rafaela, históricamente sinónimo de multitudes, volvió a mostrar tribunas lejos de llenarse. Al mismo tiempo, el número de autos en el TC se sostiene a costa de un ascenso facilitado desde otras categorías, una política que terminó vaciando divisionales como el TC Pista y el TC Mouras.
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