Límite de Pista
Cambio climático y ciencia regional: entre dependencia global y urgencia local
Mientras el planeta se calienta a niveles sin precedentes, América Latina enfrenta un desafío científico fundamental: ¿cómo entender el cambio climático desde sus propias características geográficas y climáticas en lugar de depender de modelos diseñados en el hemisferio norte? La necesidad de fortalecer investigación regional se vuelve clave para anticipar riesgos, diseñar políticas adaptativas eficaces y superar lo que muchos científicos llaman una “injusticia científica”.
Limitaciones de los modelos globales y la urgencia de enfoques regionales
Los modelos climáticos globales, como los que integran esfuerzos internacionales como CMIP6, son herramientas esenciales para proyectar tendencias de temperatura, precipitación y extremos climáticos en todo el planeta. Sin embargo, su resolución espacial y parametrizaciones a menudo no capturan adecuadamente las particularidades de regiones como la Amazonia, los Andes o el sur de Sudamérica, donde la topografía, la interacción océano-atmosfera y los patrones de humedad operan a escalas más finas que las cubiertas por estos modelos globales.
Ese vacío explica, en parte, por qué científicos de Colombia y Venezuela hablaron el año pasado de una “injusticia científica”: la escasez de series de datos locales y herramientas específicas impidió determinar con certeza el papel del cambio climático en episodios extremos de lluvia, pese a que eventos similares son cada vez más frecuentes en un planeta que ya supera 1,3 °C de calentamiento respecto a la era preindustrial.
Los modelos climáticos regionales (RCM) —adaptados a la escala del territorio— suponen una respuesta técnica a estas limitaciones. Estudios realizados en cuencas como la del Amazonas y del Río de la Plata muestran que los RCM pueden ofrecer mejor precisión para variables críticas como la evapotranspiración o la distribución espacial de precipitaciones, proporcionando información más útil para sectores productivos y tomadores de decisiones locales.
Iniciativas científicas regionales: avances y retos
En América Latina, centros de investigación como el grupo CLIMAREG en Argentina trabajan en proyectos dedicados al modelado regional del clima y su respuesta a forzantes antropogénicos, analizando eventos extremos y la interacción entre océano y atmósfera en contextos locales.
Asimismo, programas colaborativos como los Observatorios Andinos han demostrado la utilidad de redes integradas de monitoreo para generar información coherente y consistente sobre variables climáticas clave en varios países de la región, más allá de simples proyecciones globales.
Pero estos esfuerzos afrontan obstáculos estructurales: financiamiento insuficiente, escasez de largas series de datos observacionales y recursos computacionales limitados son barreras que frenan una agenda científica robusta y autónoma en el sur global. En contraste, los centros de investigación y modelado en Europa y Norteamérica cuentan con décadas de inversión sostenida, redes de observación densas y capacidades de supercomputación que les permiten liderar proyectos globales de simulación climática.
Invertir en ciencia para políticas climáticas efectivas
Fortalecer la investigación regional no es un lujo académico: se traduce en políticas públicas más precisas y adaptadas a las realidades locales. Datos locales y modelos ajustados son esenciales para planificar infraestructura resistente, gestionar recursos hídricos críticos y anticipar la frecuencia de eventos extremos como sequías e inundaciones.
Además, científicos latinoamericanos han empezado a ocupar espacios de liderazgo global —como el rol de expertos regionales en reportes del IPCC— lo que contribuye a integrar mejor las realidades del trópico y subtrópico en evaluaciones climáticas globales.
Un camino hacia la soberanía científica climática
La dependencia de datos y modelos del hemisferio norte ha proporcionado una base para entender el cambio climático, pero ya no basta para abordar los desafíos específicos de América Latina y el Caribe. Construir capacidad científica local —desde observaciones de campo hasta simulaciones regionales y participación en foros internacionales— es una inversión imprescindible para que las políticas climáticas del futuro se basen en evidencia relevante, pertinente y propia. Una ciencia climática regional fuerte no solo mejora la resiliencia ante un clima cambiante, sino que también nivela el campo de juego en la producción de conocimiento global.
