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Franco Colapinto no tiene que ser perfecto para merecer apoyo

La mala racha de Franco puso en marcha un juicio que se renueva cada domingo. Entre quienes lo descalifican y quienes necesitan inventarle enemigos para defenderlo, queda poco espacio para algo bastante más sensato: aceptar que puede equivocarse y seguir siendo un buen piloto.

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Por Diego Durruty
Franco Colapinto no tiene que ser perfecto para merecer apoyo
La mala racha de Franco puso en marcha un juicio que se renueva cada domingo. Entre quienes lo descalifican y quienes necesitan inventarle enemigos para defenderlo, queda poco espacio para algo bastante más sensato: aceptar que puede equivocarse y seguir siendo un buen piloto.
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A Franco Colapinto cada vez que se le detiene el auto parece vencérsele también el crédito. Cuatro Grandes Premios sin puntos parecen suficientes para revisar su talento, olvidar sus buenas actuaciones y volver a discutir si merece el lugar que ocupa. La paciencia, tan generosa cuando se habla del proceso de un piloto ajeno, se vuelve bastante escasa cuando el que se sube al auto lleva la bandera argentina.

Se entiende la bronca. Después de tantos años esperando tener a alguien propio para seguir en la Fórmula 1, nadie quiere acostumbrarse a verlo bajar del auto antes de tiempo. Cada domingo empieza con ganas de que esta vez sí. Que pueda correr, que se acomoden las cosas, que llegue esa actuación que corte la racha. Cuando otra vez sale mal, cuesta apagar el televisor y seguir como si nada.

Pero esa ilusión también puede convertirse en una exigencia injusta. Porque Franco debe conseguir resultados, aprender, responder ante su equipo y, además, satisfacer la necesidad de una explicación de todos los que lo miran. Si no suma, alguien tiene que ser culpable. Y rápido, antes de que termine la transmisión.

Así aparecen dos posiciones que se alimentan entre sí. De un lado, quienes encuentran en cada dificultad la confirmación de que Colapinto nunca fue tan bueno. Del otro, quienes consideran que defenderlo obliga a sospechar de todo lo que hace Alpine. En esa discusión, admitir un error propio parece una traición y reconocer un mérito del equipo, una ingenuidad. Se puede bancar a Franco sin hacer ninguna de esas dos cosas.

En Bakú se equivocó y le costó caro a Alpine. No hace falta suavizarlo. Tampoco convertir esa frenada en una definición de su carrera deportiva. El propio Colapinto asumió lo que había pasado; sería saludable que sus defensores pudieran acompañarlo también en ese reconocimiento.

Franco Colapinto no tiene que ser perfecto para merecer apoyo
La mala racha de Franco puso en marcha un juicio que se renueva cada domingo. Entre quienes lo descalifican y quienes necesitan inventarle enemigos para defenderlo, queda poco espacio para algo bastante más sensato: aceptar que puede equivocarse y seguir siendo un buen piloto.

Hay algo extraño en esa necesidad de presentar al piloto querido como alguien que nunca falla. Se supone que busca protegerlo, pero termina imponiéndole una condición imposible. Los buenos pilotos también calculan mal, desperdician oportunidades y tienen domingos que preferirían olvidar. Lo que se espera de ellos es que aprendan y que esos errores se repitan cada vez menos.

Después está todo lo que un piloto no puede resolver desde el habitáculo. Una transmisión que deja de funcionar, una estrategia equivocada o los daños de un contacto no se corrigen con voluntad. Por mucho que se aprieten los dientes debajo del casco.

Y ahí conviene levantar la mirada del auto de Franco. En los últimos cuatro Grandes Premios, Alpine consiguió un punto entre sus dos pilotos. Racing Bulls sumó 25. La pelea por el quinto puesto, que después de España tenía a ambos equipos separados por nueve unidades, quedó a 33.

Ese deterioro excede largamente a Colapinto. Gasly tampoco encontró la manera de sostener los resultados. El equipo viene dejando pasar oportunidades por motivos diferentes y necesita respuestas bastante más concretas que esperar un fin de semana sin sobresaltos.

Alpine tiene responsabilidades. La apuesta con los dos autos en Sepang merece una crítica, especialmente porque Gasly largaba en posición de puntos y Franco desde el fondo. Las fallas mecánicas también. Un equipo que aspira a crecer debe ofrecerles a sus pilotos cierta continuidad para trabajar. Cuando cada carrera trae una dificultad distinta, se hace cada vez más difícil aprovechar lo que el auto tiene de bueno.

Ahora bien, entre señalar esas fallas y hablar de un perjuicio deliberado hay una acusación que necesita pruebas. La bronca no alcanza. Tampoco alcanza con que los problemas se repitan. Alpine está perdiendo puntos, terreno y oportunidades; bastante tiene para explicar sin que sea necesario agregarle un plan secreto.

Quizás resulte menos atractivo discutir una mala decisión que denunciar una conspiración. Pero sirve mucho más para entender qué debe cambiar.

Franco también tiene tareas pendientes. Necesita mayor consistencia, mejores clasificaciones y aprovechar las ocasiones en las que el resultado depende de él. Sus actuaciones en Canadá, Miami o España permiten confiar en lo que puede hacer. No lo eximen de demostrarlo de nuevo.

Lo que resulta absurdo es tratar esas carreras como una casualidad y esta mala racha como su verdadera medida. Un piloto se evalúa con todo: lo que hizo bien, lo que hizo mal, el material que tuvo y la respuesta que fue capaz de dar. Elegir solamente la parte que confirma una simpatía o un rechazo puede servir para ganar una discusión. Para analizar automovilismo, sirve poco.

Colapinto necesita salir de este momento. No necesita que le inventen una carrera sin errores para justificar que merece estar ahí.

Franco Colapinto no tiene que ser perfecto para merecer apoyo
El próximo domingo volverá a haber ganas de verlo sumar. Esa ilusión sigue intacta, aunque hoy conviva con la preocupación. Se puede esperar más de Franco y seguir confiando en él. Se puede exigirle a Alpine y reconocer cuando el error es de su piloto.

El próximo domingo volverá a haber ganas de verlo sumar. Esa ilusión sigue intacta, aunque hoy conviva con la preocupación. Se puede esperar más de Franco y seguir confiando en él. Se puede exigirle a Alpine y reconocer cuando el error es de su piloto.

Después de tantos años esperando un argentino en la Fórmula 1, vale la pena darle algo de tiempo para crecer dentro de ella. Incluidos esos domingos en los que cuesta tanto acompañarlo como a él le cuesta llegar.

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