15/03/2010 | 15:18 | PV
MORALEJA DE LA SECESION
Por Pablo Vignone
Década y media atrás, cuando Bernie Ecclestone temía más que a nada la competencia para la Fórmula 1 del CART estadounidense, el circunspecto Tony George, heredero de la familia propietaria de Indianápolis, soltó la bomba declarando una guerra civil en el automovilismo monopostista estadounidense al crear la Indy Racing League (IRL): Nunca quedó del todo claro si George tenía un acuerdo secreto con Ecclestone para minar el terreno, pero lo cierto es que, cinco años después, ambos firmaron un contrato público para llevar la Fórmula 1 a Indianápolis, un contrato que se fue a pique solo después del fiasco del Grand Prix de 2005, cuando solo seis autos tomaron parte de la carrera.
George parecía encarnar el más puro sentimiento americano, frente al internacionalismo del CART. Pretendía una categoría con más pilotos estadounidenses y que dejara de lado los circuitos callejeros o mixtos del estilo europeo, un retorno a las fuentes.
Década y media, ya se sabe cómo terminó la historia. La IRL ganó la guerra civil pero lo que quedó del automovilismo monopostista estadounidense es más pobre de lo que había cuando el conflicto estalló. De aquella categoría que podía competir con la Fórmula 1, que podía inclusive robarle al campeón (como sucedió con Nigel Mansell en 1992 y casi ocurre en 1993, cuando Ayrton Senna coqueteó con Penske), solo queda una versión disminuida, que sigue lamiéndose las heridas. Las consecuencias continúan registrándose: la Fórmula Atlantic, el primer escalón del automovilismo monopostista estadounidense, cesó este año sus operaciones después de 40 temporadas de producir pilotos y espectáculo.
La Indy Car -desde hace un par de torneos ya no hay litigio sobre el uso del emblemático nombre- inició su torneo 2010 en San Pablo, en una carrera problemática (aunque atractiva), con 24 autos, de los cuales solo tres (Marco Andretti, Ryan Hunter-Reay y Danica Patrick) eran conducidos por pilotos nacidos en los Estados Unidos. Había más brasileños (7) o mujeres (4) que conductores de aquel origen.
La pista paulista no era un óvalo, sino un circuito callejero, y era la primera vez que esta categoría reformulada viene a Sudamérica, dónde el CART compitió a finales de los '90. La próxima carrera es en Alabama, que no es un óvalo, y luego van a Long Beach, que tampoco lo es.
¿Y George? Dejó de ser una fuerza dominante en Indy Car, perdió su equipo y ni siquiera conserva un cargo poderoso en Indianápolis. Ni qué decir que hace una década que las 500 Millas entraron en un tobogán de declinación del que no parece recuperarse. Su bando ganó la contienda, pero a un impagable costo...
¿La moraleja de todo ésto? Tendría que aprenderla el automovilismo: por más santa que sea, en la guerra todos pierden.
