21/05/2008 | 16:54 | DGR
LA PARADOJA DE LIFSCHITZ
Por Sergio Tenaglia
Es importante aclararle al lector desprevenido que el protagonista de esta historia no es el paranaense Federico Lifschitz, quien hace poco decidió retirarse del automovilismo nacional. Tiene el mismo apellido pero ningún parentesco, se llama Miguel y es el actual intendente de la ciudad de Rosario.
Ver a Miguel Lifschitz participar el pasado domingo de la ceremonia de inauguración del trazado callejero de Santa Fe causó asombro a los aficionados rosarinos, porque gracias a la gestión del socialismo en la intendencia, primero a cargo de Hermes Binner ?actual gobernador? y ahora bajo su conducción, Rosario quedó al margen del automovilismo grande.
Sin embargo, y como de todo se puede obtener algo positivo, queda la esperanza de que el intendente haya experimentado en carne propia lo que se siente fomentar el deporte, el turismo y las actividades culturales de una ciudad con una programación de esta naturaleza; constatar que 60 mil aficionados pueden convivir sin problemas, dialogar con el ingeniero Sergio Salazar ?recibido en Rosario y radicado en Villa Carlos Paz? para interiorizarse cómo se construyó el flamante autódromo de Santiago del Estero, descubrir que hoteles, restoranes, estaciones de servicio, cines y bares locales se ven ampliamente favorecidos por este tipo de iniciativas. Pasó en la Cuna de la Bandera hace mucho, cuando en la década del 90 había un autódromo como la gente y la ciudad fue conocida como "la capital del TC 2000".
Resulta cuanto menos una paradoja que en momentos en que los fierreros de Rosario esperan que gestione e impulse obras en el autódromo municipal, Lifschitz haya participado de la inauguración de un trazado callejero en otra ciudad.
Si se mira el vaso medio lleno caben un par de preguntas: ¿Estará acopiando emociones? ¿Hizo algún contacto? ¿Trató de ver en persona de qué se trata? ¿Se producirán anuncios importantes? Quizás el intendente Lifschitz haya experimentado la vergüenza del "ya no ser" en el automovilismo nacional. En una de esas hasta tuvo envidia de lo que se hizo Santa Fe y no se sabe hacer Rosario. O tal vez por un momento haya sentido lo mismo que yo, ese fastidio de que las cosas buenas pasen en otro lado, ese sabor amargo de jugar de visitante todos los fines de semana.
