23/05/2008 | 12:22 | MM
INDIANAPOLIS TIENE MISTICA
por Marcelo Mercado
Cada última semana del mes de mayo el mundo pone su mirada en la ciudad de Indianápolis en los Estados Unidos, sobre todo en un circuito que desde la segunda década del siglo veinte ha sido escenario de muchos de los momentos más espectaculares del automovilismo. Las 500 Millas de Indianápolis es actualmente el eje central de toda una ciudad que convive con el automovilismo y que se llena de entusiastas provenientes de todo el mundo para presenciar uno de los espectáculos deportivos más importante del planeta.
El lugar de encuentro es el "Indianapolis Motor Speedway". Circuito que fue construido en 1909, ubicado a 8 kilómetros al noroeste de la capital de Indiana. Mide 2.5 millas, sus cuatro curvas tienen una inclinación de 9 grados y 12 minutos, estando originalmente la pista compuesta de ladrillos. Su primer uso no fue para las carreras de autos, sino como lugar de prueba para los modelos salientes de la floreciente industria de la región. Sin embargo, las diversas competencias locales hicieron que para 1911 se realizara un evento que traería a las más renombradas marcas de entonces. El 30 de mayo de 1911 se disputaría la primera edición, denominada "International Sweepstakes". Ray Harroun fue el ganador con su Marmon Wasp a pesar de partir en el puesto 28, gracias a un artefacto que luego sería imprescindible en cualquier auto: el espejo retrovisor.
Año a año la competencia fue creciendo, haciendo que el anuncio "Ladies and Gentlemen, start your engines" sea una de las frases más famosas del deporte.
La vuelta más rápida registrada, oficial, la impuso el holandés Arie Luyendyk el 10 de mayo de 1996 con 384.969 km/h. No se disputó en los años comprendidos entre 1917 y 1919 y entre 1942 y 1945 debido a las dos guerras mundiales. En la década del cincuenta la Indy 500 fue puntuable para el campeonato Fórmula 1, sin embargo muy pocos autos de esta categoría viajaron a Norteamérica debido a lo costoso del transporte. Sólo Jim Clark, Graham Hill, Mario Andretti, Emerson Fittipaldi y Jacques Villeneuve tienen la dicha de decir que fueron campeones de Fórmula 1 y que cruzaron la meta en este óvalo en primer lugar. Otra curiosidad es que todos los ganadores beben leche al salir de sus coches, costumbre que impuso Louis Meyer en 1936 (el mismo año donde se entregó por primera vez el famoso trofeo Borg-Warner) y que se hizo constante desde 1956 hasta nuestros días. Sólo Emerson Fittipaldi rompió esta tradición tomando jugo de naranja para promocionar a Brasil como productor de dicha fruta, aunque logró beber su botella de leche pero sin la presencia de las cámaras de televisión.
Aunque el circuito es simétrico, por la dirección del viento los pilotos concluyen que el mejor lugar para superar rivales es en la curva 1, al final de la recta principal.
El Indianápolis actual cuenta con todas las comodidades disponibles. La Pagoda es una impresionante torre de control inspirada en la arquitectura japonesa, además de las mil plazas destinadas para la prensa. Dentro del óvalo hay cuatro hoyos de golf, un museo en los que se puede apreciar a los autos más legendarios que compitieron, y grandes espacios para acampar. Aparte de ello, cuenta con un trazado sinuoso por donde se corrió el Grand Prix de Estados Unidos de Fórmula 1. Pero la tradición no fue dejada de lado en la pista. Aunque el material del trazado ahora es asfaltado, una yarda, la que corresponde a la meta, mantiene aquellos ladrillos donde las leyendas de antes arriesgaban la vida por conseguir la gloria. Es sin duda una característica mística del circuito.
Ya han pasado 96 años desde la primera edición de las 500 Millas de Indianápolis, la pasión por la carrera de autos más famosa del mundo no ha perdido su magia. Sin duda, la Indy 500 seguirá por mucho tiempo en lo más alto del deporte motor ya que no solo es una carrera de autos, sino un espectáculo que tiene en vilo a toda una ciudad que vive esta mítica competencia cona una pasión inigualable; edificios públicos, aeropuerto, calles, comercios, todo gira enrededor de esta carrera, algo que es verdaderamente para apreciar y disfrutar. Cerca de 500.000 almas colmarán el tradicional óvalo americano también llamado la Capital mundial de la velocidad.
