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VIERNES 21 DE NOVIEMBRE DE 2008, 10:00 HORAS

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30/06/2008 | 11:13 | PV

AUTOMOVILISMO FICCION

Por Pablo Vignone



El recordado decano del periodismo Dante Panzeri, tan polémico como precursor, solía desclasificar tanto al automovilismo como al boxeo de la categoría de los deportes, calificando al segundo como "homicidio legalizado" mientras que se preguntaba que hacía el primero, al que tachaba como "ejercicios industriales", en las páginas deportivas.

Y lo que en boca de Panzeri podía sonar despectivo, termina siendo uno de los más interesantes atributos del automovilismo deportivo. Se podrá discutir en qué páginas publicarlo -carburando.com, ¡seguro!- pero no ningunear el progreso que la investigación acelerada para ganar carreras redunda en la industria de serie. Para ejemplo inmediato, ¿a quién pudo habérsele ocurrido que los motores diesel podrían resultar perfectamente deportivos, como lo prueban las últimas tres ediciones de las 24 Horas de Le Mans?.

Esta vez, el que opina no es Panzeri, sino el lector, el internauta, el frecuente amigo de carburando.com. La historia que sigue a continuación nos fue referida por un entendido que sigue palmo a palmo la Fórmula 1, el pináculo de la investigación tecnológica aplicada a la competición, un paradigma que funciona mucho mejor en el automovilismo europeo que en el estadounidense.

Resulta que a un equipo de Fórmula 1 muy importante le fue ofertado, durante el 2007 y en caracter de prueba, un revestimiento muy singular para aplicar a la carrocería de sus coches. Tal película delgada, refiere el entendido, tiene la particularidad de que, cargada con una débil corriente eléctrica, forma burbujas microscópicas en su superficie, como millones de burbujitas tan microscópicas que permiten aumentar la superficie de la película pero sin ofrecer resistencia adicional al avance.

Claro, si la historia es real, tal solución representa el paraíso de los diseñadores y de los ingenieros aerodinámicos. ¡Imagínense! Si aumenta la superficie aumenta la fuerza aerodinámica, pero sin resistencia al avance no hay gasto adicional de potencia. Toda ganancia, cero pérdida.

Sigue la historia: el equipo en cuestión aplicó la película sobre el alerón delantero de sus máquinas en una carrera europea, como para ensayar la solución. La dotó de un sensor de mercurio: con el auto doblando, el mercurio se vuelca y cierra el débil circuito eléctrico, la película se ioniza y las burbujitas se forman, la superficie del alerón "aumenta" y el agarre de la trompa se incrementa.

Cuando el auto deja de doblar, el mercurio vuelve a su nivel horizontal, se "desconecta" el circuito, las burbujitas desaparecen y el alerón no ofrece resistencia adicional en las rectas. ¡Cartón lleno!

Hay que agregar que, según el relato, el equipo en cuestión ganó esa carrera, que usó la solución hasta fines de año, que le fue mucho mejor que lo que esperaba en el campeonato 2007, y que si no siguió utilizando esa solución durante este año fue porque el procedimiento para fabricar esa superficie es obscenamente costoso, ya que para sintetizar la sustancia del caso que forma la película se necesitan procesos de extrema complejidad que involucran, inclusive, principios de física cuántica como el bombardeo de neutrones a altísimas velocidades.

Cuenta el entendido que el equipo en cuestión, y también otros de enorme capacidad en investigación y desarrollo, empezaron a fines del 2007 a hacer sus propios experimentos con superficies en base a sodio y calcio, por ejemplo, para obtener una película como la citada. Perfectamente legal, además, porque aunque el reglamento prohibe las partes móviles en un auto de Fórmula 1, este procedimiento se dispara solamente con el vehículo en la pista y no hay forma de medirlo.

¿Será cierto? ¿Será verdad? ¿Será un perfecto cuento? Esta vez, la opinión no le tiene el columnista -al que le gustaría creer la historia- sino el lector.

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